12 febrero 2013

Aquiles, el héroe que tomó la píldora roja

Los hermanos Wachowsky, creadores de Matrix, no inventaron la píldora roja. Mucho antes Aquiles se había enfrentado a la misma decisión que Neo. Y no eligió la píldora azul. Su madre, la diosa Tetis, antes de que su hijo marchase en la expedición a Troya, le advirtió. Si te quedas vivirás largos años, pero sin gloria. Si vas, alcanzarás una inmensa fama entre los hombres, pero tu vida será breve. Aquiles no lo dudó.

El mejor de los aqueos, tal y como le denominan en las obras de Homero, no desmintió el oráculo. La Ilíada, contra lo que se cree, no narra la conquista de Troya. Lo dice muy claro en la primera línea: Canta, oh diosa, la ira de Aquiles.

El héroe encarnó la máxima expresión de la areté, la versión griega de la virtud, en la que caben todos los abusos del heroísmo. Su ira le lleva a enfrentarse a Agamenón por su bella cautiva, Briseida. El rey la reclama como botín. Aquiles se resiste. Presionado por los señores aqueos no tiene más opción que entregarla, pero se recluye en su tienda y se niega a luchar.

¿Quién mejor que una madre para solucionar semejante situación? Y mejor si se trata de una diosa. Tetis implora a Zeus que dé la victoria a los troyanos para que así los aqueos rueguen a su hijo que vuelva a la lucha. Zeus es un buen aliado. Tras sucesivas derrotas, Agamenón acaba restituyendo a Briseida a Aquiles, y le implora perdón para que vuelva a la lucha. El héroe siempre se sale con la suya.

Cuando Héctor mata en una batalla a Patroclo, su amante y compañero, no cejará hasta dar muerte al príncipe troyano. Tras lograrlo, todos los días arrastra alrededor de los muros de Troya su cuerpo, atado a su carro. Tras doce días de semejante exhibición, los dioses se indignan. Los muertos merecen un respeto. Aquiles había incurrido en un acto de hybris. Había traspasado la línea que están obligados a respetar dioses y hombres, y debía ser castigado. Será Paris, hermano de Héctor, quien le dé muerte con una flecha, en el único punto vulnerable de su cuerpo, el talón.

Sin justificaciones morales, Aquiles tomó el mundo como escenario de su gloria. Debo admitir que su arrogancia y desmesura me producen simpatía. Me gustan los personajes excesivos, y no hay duda de que el mejor de los aqueos lo fue.

Imagen: Aquiles descubierto por Ulises y Diomedes, Rubens, 1616.

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