Mundo
CÓSIMO
28 enero 2014

Bodegas Campos, tradición cordobesa

Ayer en Bodegas Campos perdí un pendiente. El guiño de Candela me dio a entender en qué momento fue la pérdida. Sonreí. Platino, diseño art decó, ónix y pequeños brillantes. Sin duda yo era el elegido para ir a recuperar ese recuerdo de familia.

Me encontré a Martín en la puerta de las Bodegas. Ni con gafas de sol ocultaba los efectos de la noche cordobesa. Se me debió caer la cartera, dijo.

Recorrimos el laberinto de estancias y patios, salas y comedores decorados con una colección única de carteles de época, muebles antiguos y macetas colgadas de vigas azules.

Bodegas Campos se preparaba para el almuerzo. Los vinos de Montilla-Moriles que desde 1908 salían de sus barricas hoy acompañan una cocina cordobesa actual. Yo me quedo con el rabo de toro, el salmorejo, el jamón, mucho jamón o el ajoblanco con uvas. Soy un clásico.

En el patio del Santo Dios, junto a unos geranios, apareció la cartera. El baile había sido allí. Recorrimos los salones. En el de la Venta Blanca, apoyado en una columna de forja, miré el artesonado y comenté, La Sacristía, creo que Candela dijo que pasó por ahí.

Cruzamos la puerta enrejada de la Sacristía. Al fondo, seis barricas apiladas en pirámide con las firmas de la Reina, los Príncipes de Asturias, la Duquesa de Calabria y Tatiana Radziwill. Testigos mudos de nuestro affaire. Entre la firmada por doña Sofía y la de Ana de Francia estaba el pendiente art decó, con sus brillos azabache.

Te parecerá bonito, dijo Martín sonriendo, delante de la Reina.

Seguro que ha visto cosas peores. Con tanta búsqueda, apetece un fino y un poco de jamón ¿no? Apoyando mi mano en su hombro nos dirigimos a la Taberna.

Bodegas Campos está en la calle Lineros, 32, en pleno centro de Córdoba. Se organizan visitas guiadas para conocer la mejor colección de carteles de época de la ciudad.

Fotografía de Chicane Estudio, cortesía de Bodegas Campos.

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