• noviembre 26, 2013
  • TIPS

Champagne, ex aurea mediocritas

por Cósimo de Monroy

Afortunados son los mediocres, porque sólo ellos están a salvo del veneno del amor.

Un poco cursi, pensé, pero muy cierto. Cerré el libro y miré a Blanca, dormida a mi lado. Desde que habíamos llegado a Reims me sentía leve, inundado por una tibia claridad. Nunca el amor me había asaltado de una forma tan luminosa.

Por supuesto, las alarmas habían sonado sin pausa desde aquella mañana en la que recorrí junto a ella las salas del Prado. Pero había decidido ignorarlas.

No doy con el punto medio, pensé con un suspiro. Mi equilibrio se desliza siempre hacia los extremos. ¿Inmadurez? Quizás.

Blanca abrió los ojos y sonrió. ¿En qué piensas?, preguntó. En nada, contesté. Tras un profundo beso la abracé. En la calidez de aquel abrazo, algo dentro de mí tembló. Ya está, pensé, he caído en el tópico. Estoy perdido.

Viñedos de Champagne

Tras diez amargos años de matrimonio, Blanca había emprendido una interminable lucha para lograr el divorcio. Hace unas semanas Valerio había acudido desde Trieste para retenerla. Sintiéndose acosada, decidió huir.

La convencí para que viniese conmigo a una fiesta de vignerons de champagne a la que me habían invitado a través de mi amigo Claude Giraud. Quería que aquel viaje fuese para ella un paréntesis, un respiro en el punto álgido de su tragedia.

Pero los bosques y los viñedos no lograron disipar su muda melancolía. Durante tres días en los que agotamos los matices de ocres y  burbujas, se mostró distante, lejana. Hasta que una tarde, en Hautvillers, el juego cambió.

champagne

Mientras abordábamos una serie interminable de blanc de blancs, pinot noirs y pinot meuniers bajo la parra vecina a una cava, la bodeguera comentó con una inusual complicidad, se ve que hace muy feliz a su esposa. Siempre es un placer ver a una pareja tan enamorada.

Blanca rió, divertida ante el malentendido. No sabe lo que le he tenido que aguantar todos estos años, contestó. Tiene un genio terrible. La bodeguera se encogió de hombros. Sí, ¿pero qué hombre de verdad no lo tiene? Decidí subir la apuesta. Y no se crea que ella me lo pone fácil. Ya sabe cómo son las mujeres españolas. Desde nuestra segunda hija no me hace ni caso.

Una madre es una madre, eso hay que entenderlo, replicó la bodeguera. Sonó mi teléfono y salí del local para contestar la llamada. Al volver a entrar Blanca sonreía, radiante. La bodeguera se había retirado. Me ha dicho que se nota que me quieres, que te cuide o volarás, comentó. ¿Quién sabe? Puede que tenga razón, contesté.

Viñedo de Champagne

Hacía décadas que no veía esa expresión. Blanca volvía a ser la niña de mirada traviesa de La Roda. Me gustaba verla vestida de campo, con botas, vaqueros y una cazadora de ante gastada. Guardaba su cabello rubio bajo un sombrero verde impermeable. Sus ojos, de aquel azul que durante los veranos de mi infancia me había parecido tan profundo como el mar, me contemplaban expectantes.

El juego había sido siempre nuestro terreno. No me detuve. ¿Ahora me vas a decir que durante estos doce años no he sido el marido que esperabas?, pregunté. Siempre tu vanidad, contestó arqueando las cejas. Te miras demasiado el ombligo, siempre lo has hecho. Cuando surge un problema, lo pretendes solucionar con tus regalos, tus viajes o con cualquier numerito.

Por lo menos tendrás que admitir que no lo hago mal, ¿no?, contesté. Sí, como cuando te pillé con aquella tailandesa de la embajada. Saqueaste el joyero de tu madre y me llevaste a Saint Barth. No puedo decir que estuviese mal, pero hay veces que no es suficiente. Sonrió, satisfecha de su respuesta.

Terminamos las últimas copas. Si me enfadase ahora, ¿qué harías?, preguntó. ¿Hacemos la prueba?, contesté. Asintió con la cabeza. Me acerqué para besarla, pero se retiró. Recuerda que estoy cabreada, afirmó con una carcajada.

Bosque de Vercy, Montaña de Reims, Champagne

Nos dirigimos al bosque de Vercy en un Mercedes de los ochenta que me había prestado Claude. En un claro, una pasarela ascendía entre los árboles hacia una caseta de madera. Parecía suspendida entre los gruesos troncos de los robles. Desde su terraza, la vista se extendía sobre la llanura de Reims. Un camarero nos sirvió dos copas de champagne. Nos sentamos a la sombra de una estufa. Comenzaba a anochecer.

Los tonos otoñales del bosque enrojecieron con la puesta de sol. Jóvenes parejas locales bebían al ritmo de una suave música electrónica. Pedí una segunda copa. Los ojos de Blanca traslucían satisfacción. ¿Qué tal va tu enfado?, pregunté. Creo que para motivarme vamos a tener que buscar una causa. Eso es muy fácil, contestó. Ayer fue nuestro aniversario, te olvidaste. Sabes que soy muy despistado, acepté. Pero parece que voy a tener que hacer méritos.

Orillas del Marne, Champagne

Nos dirigimos a un pequeño albergue sobre el Marne. Tras una botella del champagne local, una terrina de liebre y un pichón con setas y trufas, Blanca me miró. La chimenea crepitaba entre paisajes y antiguas fotografías. La verdad es que es cierto, no lo haces nada mal, afirmó.

¿Hay mejor forma de celebrar doce años juntos?, contesté. Se me ocurren un par de ellas, sonrió acariciándome la mejilla. Aquella noche, el sabor del champagne llegó a confundirse con el de su piel.

La tarde siguiente, la fiesta dio comienzo en la gran crayère, el pozo que alberga las cavas de Pommery. Hacía frío. Sobre el smoking llevaba un abrigo negro con cuello de astracán que perteneció a mi tío Guido. Blanca, de largo, en azul, se cubría con un visón Blackglama de los ochenta.

¿Qué te parece tu fiesta de aniversario?, pregunté. Muy predecible, contestó con una sonrisa. Pensaba que me ibas a sorprender.

Caves de Pommery, Reims

Ahora que lo dices, creo que llevamos demasiado tiempo aquí, comenté. ¿Nos vamos? Un coche esperaba en la puerta. Se detuvo ante la catedral. Un capellán abrió una puerta lateral. Bajo la mirada burlesca del ángel de la portada entramos en el templo. Tout est prêt, monsieur le prince, nos indicó.

Tras él, recorrimos la nave hacia la cabecera. Accedimos a una de las capillas, separada de la girola por gruesos tapices. El espacio abovedado, cubierto de alfombras, estaba caldeado por dos grandes braseros. En el centro, la tumba gótica de una dama se erigía ante dos reclinatorios. Como ven, todo está preparado para su vigilia, indicó el capellán. Les deseo meditación y sosiego entre sus ancestros.

L'ange au sourire, Catedral de Reims

Al cerrar la puerta, Blanca no pudo resistir su curiosidad, ¿pero qué es esto?, preguntó. En silencio, abrí un maletín y saqué una botella de Henri Giraud. Serví dos copas y dispuse un mantel de cuadros en una de las alfombras.

Sobre él distribuí un plato de tostadas, una pieza de foie gras y quesos de la región. La miré. Un picnic, ¿no lo ves?, contesté. Dije al capellán que soy descendiente de la rama angevina de los Anjou y que quería dedicarles una vigilia. Un poco de creatividad genealógica y un generoso donativo han ayudado. ¿Empezamos? Blanca soltó una carcajada. Cogió una copa y brindamos. Con una sonrisa dijo, creo que esta vez el señor príncipe me ha ganado.

Tras un caluroso abrazo, pensé, ¿quién quiere tu aurea mediocritas, Aristóteles?

 

Este Plan Cósimo se inspira (además de en la vida, como todos) en la película Copia Certificada de Abbas Kiarostami, 2010.


Plan Cósimo


Frente a lo que podría pensarse, la región de Champagne es un lugar muy poco pretencioso. La montaña de Reims, en realidad una serie de colinas que se eleva sobre la llanura, es el corazón de los Grand Cru. Allí se encuentran Aÿ, que en origen dio nombre al vino de la región (Henrique IV se hacía llamar señor de Aÿ por su calidad) y Hautvillers, en cuya abadía Dom Perignon a finales del XVII inventó el método champenoise que permitía la fermentación carbónica. El pueblo es idílico, como la mayoría de la región. Au 36 Rue Dom Perignon es un pequeño local ofrece una gran variedad de champagne de petits vignerons y catas de diferentes variedades a excelentes precios.

Hotel Les Crayères, Reims

Pero el mejor plan es explorar las pequeñas bodegas. En la mayor parte ofrecen catar gratuitamente sus vinos. En Hautvillers vale la pena Tribaut, con una magnífica vista. En la Coté des Blancs, zona exclusivamente dedicada al cultivo de la uva chardonay al sur de Épernay, vale la pena la bodega Doyard Mahé, donde su propietaria, Marianne, realiza una visita de la pequeña cava. Entre las grandes bodegas, resulta muy interesante la visita a Pommery, con sus kilómetros de bodegas excavadas en la roca de tiza y las impresionantes crayères, fosas de época galorromana.

Con respecto al alojamiento, si uno se puede dar el gusto, se impone Les Crayères, un delicioso Relais & Chateux en Reims con grandes jardines y una de las mejores ofertas gastronómicas de la región. Una muy buena opción en Mareuil-sur-Aÿ, en la Montaña de Reims, es Le Clos Corbier, un establecimiento familiar y acogedor. Para el almuerzo en Reims, el Café du Palais, vecino a la catedral, es toda una experiencia. Abarrotado de bibelots y obras de arte de un eclecticismo encantador, hace recordar que Francia es mucho más que París. En Tours-sur-Marne, al sur de Reims, está La Touraine Champenoise, un idílico albergue con sabor de campagne y excelentes platos locales.

Trofeo en el Chateau d'Etoges

El bosque de Verzy es un lugar con un gran misterio y árboles que recuerdan a las fantasmagóricas sombras de Blancanieves. El Perching Bar, en una cabaña de madera construida sobre los árboles, tiene una terraza con maravillosas vistas. Si se dispone de tiempo recomiendo una visita al decadente Chateau d’Etoges. Esta pequeña mansión conserva la decoración del XVIII y XIX y un moderno restaurante ubicado en las antiguas caballerizas.

Blanca, en la fiesta de Pommery lleva un visón negro de los 80 de Blackglama, un icono en las prendas de piel. Los que no conozcáis su celebrity campaign What becomes a legend most? pinchad en el link. No os arrepentiréis.

Créditos: Viñedos de Champagne por STPhotographie, Botellas en la cave de Pommery por guillaumee, Ángel Sonriente de Reims por Stephane Rosignol


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