• marzo 21, 2013
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Crazy Cáceres, Epílogo

por Cósimo de Monroy

Irina, Irina, despierta, susurro con suavidad. Mmmmmm. Se incorpora, desmelenada.  Así que al final dormimos juntos, me dice entre bostezos. Inicia un golpe de risa, haciendo saltar sus pequeños pechos. Se detiene, sujetándose la cabeza. Hideous hangover! I think I need a drink. La miro, incrédulo.

Llaman a la puerta. Abre, soy Cuca. Irina ni se inmuta. Ésta tiene más tablas que yo, pienso. Vale, oigo tras la puerta, que salga la zorra, os doy tres minutos. Traduzco (no todo). A Irina le había entrado hipo.

Al ver a Cuca no puedo evitar sonreír. Con el rostro emborronado y el Armani descompuesto me mira, amenazante. Que sepas que esto no ha sido un intercambio de parejas. Yo no hago esas cosas, así que, ¡que no se hable más!

Ven aquí, la digo. La abrazo. Apoya su cabeza sobre mi hombro. Siento la respiración bajo su pecho. ¡Qué resaca!, murmura, cariñosa. Bueno, nos despedimos de María Gracia y nos largamos.

En el patio de la casa de la anfitriona nos topamos con mi hermana ¡Qué buena cara!, ¿una copita? Se ríe. Turbios, sin quitarnos las gafas de sol, nos despedimos.

Al salir, un mozo del hotel nos lleva con Irina y Bosco al parking, situado fuera de la parte antigua. Meto la llave. El Porsche no arranca. No puede ser. Cuca se empieza a crispar. Irina observa, divertida. Intentan con la batería. Nada. Está muerto.

Bosco, siempre tan servicial, se ofrece. Chicos, no os preocupéis, os llevamos nosotros. Seguro que los señores del hotel lo arreglan para que te lo lleven a Madrid, ¿verdad? El mozo, aliviado, asiente. Cuca resopla.

Comprimidos en el espacio trasero del Ferrari, nos detenemos en Trujillo. ¿Os hacen una migas, chicos? Nada mejor para la resaca, propone Bosco, feliz.

De acuerdo, contesto, pero antes vamos a ver el retablo de Fernando Gallego. No podía evitar la tentación de un pequeño fin de fiesta. No me lo puedo creer, dice Cuca, ¿me vas a llevar a ver un retablo? Claro, ¿por qué no?, contesto con naturalidad.

Silenciosos, ascendemos la pendiente hacia Santa María. Se ha levantado viento. El retablo se ilumina.

Bueno, ¿qué?, ¿ya estás contento con el paripé? ¡Pero si hasta los de la tabla nos miran mal! Sois la hostia. Aquí no ha pasado nada ¿no? Sonrío. La única que te miras mal aquí eres tú, contesto. Se nos fue un poco la noche. A cualquiera le pasa. ¿No fue bien con Bosco? Ofuscada, ahoga una leve risa en un suspiro. Pero, ¿cómo se puede ser tan frívolo? No te soporto cuando te pones así. La intento dar un beso, pero aparta la mejilla.

Bajamos a Bizcocho, en la Plaza Mayor. Con un tinto de la tierra, nos sirven las migas en una gran fuente de barro. Irina las asalta con ansia. Cuca la mira, displicente. Ya dije yo que ésta había pasado hambre.

Con los carrillos llenos, Irina levanta la mirada. La contemplamos, circunspectos. El absurdo de la situación se desborda. Empieza a reír. Bosco, intentando contenerse, explota en carcajadas. Le sigo. Cuca, con mirada reprobadora, resiste. Al cabo de unos segundos, su pecho arranca en pequeñas convulsiones. Revienta en un tono agudo, casi histérico.

Con lágrimas en los ojos, nos retorcemos. Bosco cae al suelo. Los clientes, incómodos, nos miran. Recuperando la respiración, Irina exclama, entrecortada, My God, I was right. You can’t beat the Monroys, y vuelve a prorrumpir en carcajadas.

 

El Epílogo cacereño arranca en los Planes Crazy Cáceres I y Crazy Cáceres II. Divertidos y desbordantes.


Plan Cósimo


No podíamos irnos de Cáceres sin tomar unas buenas migas. En Bizcocho, en la Plaza Mayor de Trujillo, están estupendas. El Mesón La Troya, al que Doña Concha aportaba un carácter único se ha convertido en un reclamo turístico, aunque las pantagruélicas raciones siguen como siempre. Para los que busquen bonitas vistas, recomiendo el Mirador de las Monjas. Lo encontraréis camino de Santa María. Una visita a la parte alta del pueblo siempre vale la pena aunque, como en nuestro caso, las condiciones sean precarias. Trujillo no defrauda.

¿Qué le vamos a hacer? Se me fastidió el Porsche 911 y tuvimos que comprimirnos para entrar en el Ferrari California de Bosco, más adecuado para dos que para cuatro. Pero, afortunadamente, la cosa terminó bien.

Créditos: Ferrari California por PRodriguez; detalle del retablo de Fernando Gallego por Turismo de Trujillo; escudo del palacio de la Conquista, por jafsebal; murallas de Trujillo, por gacabo.


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