• enero 28, 2014
  • TIPS

En Córdoba, lejano y solo

por Martín Fuchs

No lo pillo. Este tío me raya. ¡Tres meses dándome la brasa con la lánguida ésa! Que si estoy súper enamorado de Blanca, que si no puedo vivir sin ella, que la quiero, que la adoro. Me tenía frito. Encima yo era su amante. Imagínate qué papelón. Porque a Cósimo le das la mano y se coge el brazo.

Así que me dije: paciencia. Tú aguanta y te llevas el gato al agua, que con ésta no acaba. Hombre, está lo de la diferencia de edad. Me saca quince. Pero ya me decía mi abuela, tú con esos ojos azules y esa cara tan mona, por la puerta grande. ¿Por qué me voy a conformar con menos?

Crying Girl, Roy Lichtenstein, 1964

Pero claro, pasó lo que tenía que pasar. Blanca entra un día en casa y ¡pumba!, me pilla haciéndole lo que a él más le gusta. Yo no la vi. Estaba muy concentrado. Pero su careto debió de ser de flipar. Cósimo, fatal. A saber lo que le contaría luego.

Solución: a pasearla, que eso lo hace muy bien. Cuando le dije de coña que si les acompañaba a Florencia casi me mata. Mejor les habría ido, porque aquello acabó como el rosario de la aurora. Ya lo sabía yo.

Patio, Córdoba

Hace una semana de esto. Se le ve bien. Hay que admitir que el hombre sabe distraerse. A rey muerto rey puesto. Me llama el otro día y me dice que le acompañe a Córdoba a una fiesta, que no quiere ir solo.

Y el tío, después de calentarme la oreja en el AVE poniéndome a caldo al género femenino, va y se lía con una tal Candela. Súper guapa, eso sí. Y estilazo. En plan Julio Romero de Torres. Oye, no te importa, ¿no?, me dice. Por lo menos me pidió permiso. Tú mismo, le contesté. ¿Qué le iba a decir? Aunque la verdad es que bien, lo que se dice bien, no me sentó.

Dora la Cordobesa, Julio Romero de Torres

En Bodegas Campos fue. Menos mal que estaba mi prima Cayetana. Se acerca y me dice: Martí, niño, tú pasa del Cósimo ese y ven pacá, que tú y yo lo vamos a pasar un rato bien. Mucha razón tenía. Menudo fiestón. Me agarré una tajada tremenda. Lo bailé todo, sevillanas, rumbas, lo que fuese.

Así que con este panorama me he instalado en casa de los tíos. Directamente. No les iba a decir que había venido de toyboy de uno de cuarenta que encima me ha dejado plantado. Con lo rancios que son les da algo. Así que he dicho que tengo que hacer un trabajo del jardín cordobés para el máster de paisajismo.

Córdoba

Mi tío, entusiasmado. Demasiado entusiasmado, diría yo. Le tengo de guía. Él, que es muy cordobés, no iba a dejar pasar la oportunidad. Y encima, como es marqués (aquí todo el mundo es conde o marqués o algo) le hacen todos la ola.

Lo primero, me llevó a la Mezquita a ver el Patio de los Naranjos. Estaba soltándome un rollo tremendo sobre Abderramán no sé qué número cuando veo pasar a Cósimo con la cordobesa. Claro, entramos y allí estaban, pegándose el lote de mala manera en el mihrab. A éste siempre le gusta hacerlo en sitios raros.

Mihrab de la Mezquita de Córdoba

Hola, Martín, me dice como si tal cosa. ¿Qué tal?, tío Leandro, dice ella con la cara como un tomate. Yo me partía. Mi tío, indignado.

¡Qué desfachatez!, exclamó al salir, ya me habían dicho a mí que Candelita era un poco golfa, pero ¡en la catedral! Y por cierto, ¿de qué conoces tú a ése?, me pregunta. Un amigo del tío Wilhelm, contesté. Mi tío negó con la cabeza y suspiró. Mira que nunca comprendí por qué tu madre se tenía que casar con un alemán, comentó. Gente rara. Luego pasa lo que pasa.

Exterior de la mezquita

Pero la cosa no quedó ahí. Estábamos visitando los patios del  Palacio de Viana. El tío me explicaba la influencia del jardín árabe cuando oí unos gemidos bajo la pérgola. Él ni se enteró. Estaba muy metido en su historia. Al terminar, yo venga a hacer preguntas. No me movía de allí ni muerto. Y ¡zaca! Al rato aparecen los dos, sofocados y con la ropa desbaratada.

El tío Leandro se quedó muerto. Pero Candelita, hija mía, dijo, ¿aquí también? Cósimo quería ver los patios, contesta ella. Pues si hacéis una parada de éstas en cada uno no vais a terminar ni en una semana. Anda, vete a casita, y a este pieza que te has buscado lo mandas de vuelta a Madrid, que allí está muy bien. Cósimo se había retirado y sonreía desde la distancia.

Palacio Marqués de Viana

Oye, Martín, ¡la niña Silva es un pendón!, dijo cuando se alejaron. Tengo que hablar con María Eulalia. ¡Cómo está la juventud! Menos mal que tú has salido buen chico, concluyó con una palmada en la espalda.

El tío es un encanto, pero una vez empieza no hay forma de pararle. Así que me hizo el tour completo, desde Medina Azahara a las ermitas. Yo ya empezaba a estar un poco harto de tanta mezquita y tanto jardín. Por suerte la prima Cayetana me echó un cable. Menuda te has tragao, hijo mío, me dice. Esta tarde te vienes conmigo.

Nos lo pasamos pipa. Estuvimos en un mercadillo estupendo en el Círculo, fuimos de tapas y, después de un poco de flamenquito, copas. Así que al final, el finde no ha estado tan mal. Lo de Cósimo tendrá que esperar. Me la ha metido doblada, el tío. ¡Qué cabrón! Pero ya caerá. Ésta se la cobro.


Plan Cósimo


Córdoba cumple el viejo dicho: bueno, bonito y barato. Es una de las ciudades más bellas que conozco. Un laberinto de callejuelas encaladas cuyas puertas se abren a patios cargados de flores. Si la Córdoba califal es el tópico, más soprendentes son la Córdoba romana, visible en sus restos arqueológicos o la medieval, que se refleja en sus impresionantes iglesias góticas.

Al margen de la Mezquita, vale la pena una visita al patio de las Caballerizas Reales del Alcázar y sus exhibiciones ecuestres. Es una delicia callejear por la judería y visitar la sinagoga, símbolo de la convivencia de culturas en época medieval. No os podéis perder los once patios del Palacio de Viana (el número doce es moderno) y, aunque resulte un poco cañí, el Museo Julio Romero de Torres. Todo un símbolo de la ciudad. Son sorprendentes, por su claridad y su emplazamiento, las obras de este pintor que se encuentran en el Círculo de la Amistad. Se trata del antiguo casino, aún privado y con acceso limitado a socios. Pero si tenéis la oportunidad vale la pena ver sus magníficos salones.

Patio cordobés

Si tenéis tiempo, es esencial una visita a Medina Azahara, a escasos seis kilómetros de la ciudad. Sólo contemplar el emplazamiento de la ciudad palatina de Abderramán III vale la pena. Su salón Rico es una joya. Muy distinta es la visita a las ermitas del Desierto de Nuestra Señora de Belén, diseminadas en el Cerro de la Cárcel de la Sierra de Córdoba, con una magnífica vista sobre la ciudad. En sus celdas se encuentran perlas como: No importa castigar la carne con disciplinas y cilicios sino rendir tu querer y juicio.

Para comer me quedo con Bodegas Campos, que trato en Mundo Cósimo,  y su magnífica colección de carteles de época. Para unas tapas o una buena comida la Taberna Salinas, cerca de la plaza de la Corredera, el Mesón Juan PeñaCasa El Pisto, monumento a la memoria de Manolete. En la Taberna la Fuenseca organizan sesiones flamencas los sábados y si os animáis a una copa, el Automático en la calle Alfaro es un tranquilo oasis de discreta modernidad.

Para alojaros, estupendo El Balcón de Córdoba, con restos arqueológicos integrados en la decoración, Casas de la Judería, con maravillosos patios, o si preferís apartamentos, los Apartamentos de la Hoguera, a un paso de la mezquita.

Créditos: Crying Girl, de Roy Lichtenstein, por Mica &Erin, patios cordobeses y Dora la Cordobesa de Julio Romero de Torres de Wikimedia Commons, exterior de la mezquita con naranjos de hermenpaca, mihrab de la mezquita por heavybm, jardín del palacio de Viana por alvarezperea


 

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