14 noviembre 2013

¿Era surrealista el surrealismo?

Nunca un movimiento artístico fallido ha tenido tanta repercusión en la cultura popular como el surrealismo. Desde su Primer Manifiesto su fundador, André Breton, impuso una estricta adhesión a unos principios que poco tienen que ver con lo que hoy se considera generalmente con este término. Así lo expresó.

Surrealismo: «sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral.»

Las técnicas para su desarrollo abarcaban desde la escritura automática, la transcripción de los sueños o el cadáver exquisito, que consistía en que varios artistas dibujasen las distintas partes de una figura o de un texto sin ver lo que el anterior había hecho pasándose el papel doblado.

Por definición este método excluía cualquier elaboración formal a partir del libre fluir de la mente. Este hecho representaba un obstáculo para la creación que los artistas superaron tomando ciertos elementos de la matriz inicial, desarrollándolos según su visión personal.

Dejando de lado lo puramente irracional, el énfasis se situó sobre lo onírico y lo psicológico, en una gran variedad de enfoques como el conceptual de Magritte o el paranoico-crítico de Dalí. Artistas como Delvaux se centraron en la creación de imágenes simbólicas que se nutrieron de la teoría del psicoanálisis de Freud. Miró, mucho más abstracto en sus planteamientos, se mantuvo para Breton, como el surrealista más puro, el que se desvió en menor medida de los planteamientos originales del movimiento.

En el proceso de creación de este mundo onírico la sensibilidad artística y los procedimientos de los surrealistas volvieron la mirada sobre una larga tradición de arte de la subjetividad, que abarca desde el Medievo tardío hasta la modernidad, pasando por el manierismo y el barroco. Figuras como El Bosco, Durero o Arcimboldo fueron referencias fundamentales.

El fruto de esta apertura teórica es lo que hoy denominamos como arte surrealista, que tiene a Dalí como máximo exponente. La exposición que se celebra en la Fundación March nos abre los ojos sobre las sorprendentes creaciones de aquellos surrealistas antes del surrealismo que nutrieron la imaginación de sus sucesores “oficiales”.

Todos ellos giran en torno a ese concepto que no recibió nombre hasta Bretón, y que aplicamos en nuestra vida cotidiana a lo bizarro, lo extraordinario y lo que, a fin de cuentas, encontramos que roza el mundo de lo irreal y lo onírico.

Imagen: Hombre con la cabeza llena de nubes, Salvador Dalí, 1936, Cortesía de la Fundación March

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