Abanicos, Hokusai

6 abril 2014

Ukiyo-e, imágenes de un mundo flotante

Resulta evocador el concepto de un mundo flotante. Los japoneses denominaron así a las imágenes, tanto pinturas como grabados, que recrean el hedonismo de la gente de ciudad, los chonin, desde finales del XVI hasta inicios del siglo XX.

Aunque pueda parecer extraño, el espíritu de estas imágenes siempre ha hecho surgir en mi mente la pintura de género holandesa del XVII. En las obras de Jan Steen nos asomamos a un mundo completo en sí mismo, en el que los personajes aparecen ante nuestros ojos con una gran nitidez.

Se trata de un mundo tabernario, opuesto a la sofisticación del ukiyo-e, pero que presenta ciertos rasgos en común. Por una parte, se trata de imágenes de un intenso carácter narrativo y, por otra, los caracteres que en ellas participan manifiestan una marcada actitud frente a lo que está sucediendo.

Cuando se contempla una estampa japonesa de forma independiente siempre parece que se trata de un episodio de una historia más amplia. La potencia evocadora juega aquí un papel fundamental, pero también lo hace, por supuesto, la influencia del kabuki y de las historias que muchas de estas obras ilustraban.

Pero incluso cuando Hokusai representa un puente, no lo hace de forma neutra. Muestra un puente de noche, cargado de linternas de papel rojo. Los barcos, la multitud que se agolpa sobre él y las luces encendidas de las casas que bordean la orilla nos comunican que algo está sucediendo.

En una estampa de Hiroshige, un grupo de porteadores ascienden una fuerte pendiente con una silla de mano en una tormenta. Dos de ellos se vuelven. Sólo se entrevé al personaje que transportan. Los colores planos, la sencillez de las formas y la asimetría geométrica de la composición hacen esta capacidad evocadora mucho más intensa. ¿Quién es aquel personaje? ¿Dónde se dirige? ¿Cuál es su misión?

Estos elementos están ya muy presentes en los precursores de esta escuela. En las complejas obras de Moronobu se describe con minuciosidad la actividad de cientos de personajes y en las íntimas escenas de Ando se evoca la sensualidad del universo femenino.

La seducción y la belleza tienen un papel esencial en los ukiyo-e. Nadie como Utamaro supo reflejar la sofisticada estilización de los gestos, los patrones de las sedas y el codificado refinamiento de la geisha.

Estas escenas pronto conducen a imágenes más explícitas. En los shunga se desarrolla un completo repertorio que sorprende por la complejidad de las posturas y los sobredimensionados genitales. Su objetivo, al margen del placer onanista, fue la formación sexual del joven. Se puede decir que todos los artistas de ukiyo-e practicaron este género. Me parecen especialmente atractivas las obras que incluyen este tipo de piezas dentro de la propia estampa, como la imagen de Kunishada en la que una pareja contempla escenas eróticas.

Aunque si tengo que definir mis favoritos, quizás me inclinaría hacia las imágenes más abstractas de Hokusai y las deliciosas vistas de Edo de Hiroshige. Entre las primeras, un geometrizado bodegón puede ser elevado hacia la línea pura y una carpa convertirse en una misteriosa forma que asciende entre haces luminosos.

Hiroshige, que trabaja en un periodo posterior y se ha formado en las leyes de la perspectiva occidental, hace todo lo posible para subvertirlas. En sus aparentemente inocentes vistas se desarrolla una constante experimentación que impactó a los artistas occidentales de finales del XIX. No es extraño que los impresionistasvan Gogh le tomasen al pie de la letra.

Imagen: Tres abanicos, Hokusai, Wikimedia Commons

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Pensó escribir un relato en el que un fanático se convierte a la vida hedonista tras sucesivas catas de vino… twitter.com/i/web/status/8…

Gira el rostro hacia la cámara; primer plano; mirada seductora / sonrisa ambigua #HenriLebasque pic.twitter.com/zv0WxPqH2e

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