• enero 15, 2014
  • TIPS

From Togo with love

por Constanza Gil-Brooks

¡Esto sí que es una sorpresa!, pensé mientras abría una caja llegada de Togo por courier. Desde que le había dejado plantado tras la boda de Liliane y Alistair, Philip no había dado señales de vida. Sabía por los Bleighton que se había hecho cargo de un proyecto en una tribu perdida de aquel imposible rincón de África y que, como era habitual, había desaparecido entre los aborígenes.

From Togo with love, P, leí en una tarjeta pegada sobre una segunda caja. Mi curiosidad iba en aumento. ¿Serían joyas o quizás un objeto de arte tribal? De un amante rechazado se puede esperar cualquier cosa.

Pero no. Al abrir el segundo paquete mi intriga se convirtió en perplejidad. ¡Almohadones! Una docena de almohadones en rabiosos (y fascinantes) estampados africanos.

Almohadones de Mi BaobabA éste se le ha ido la olla, pensé. Tras unos segundos de desconcierto puse algunos sobre el sofá y guardé el resto en el vestidor. Meditando sobre el mensaje oculto que podrían contener, (¿eres mi colchón?) pensé que me iban a quedar geniales en el salón. Los diseños años setenta resultaban de lo más trendy.

Cogí el bolso y salí a la calle dándole vueltas al tema almohadón. Distraída, al cruzar Velázquez ni me di cuenta de que se acercaba a gran velocidad un autobús que parecía no tener en cuenta mi estado de abstracción. Sólo sentí una mano que me cogió con firmeza del brazo y un gran pitido que me despertó de mi aturdimiento.

Me giré para averiguar quién era mi salvador y descubrí a un samurái de cerca de uno noventa con unos hombros de vértigo. Debería tener más cuidado al cruzar, afirmó en inglés con una mirada tan firme como su mano. Vestía una chaqueta azul marino y camisa blanca.

Toshiro Mifune en Yojimbo, de Akira Kurosawa, 1961Infinitamente agradecida ante aquella aparición que me había salvado de la ignominia de ser arrollada por un medio de transporte público, consideré oportuno invitarle a un café. Kento era sorprendentemente atractivo. Dirigía las operaciones de una corporación de su país en Europa. Le hablé de mis actividades de relaciones públicas y nos intercambiamos las tarjetas.

Al día siguiente, observando grabados, kimonos y abanicos en la exposición de Japonismo en Caixaforum, sentí la mano del destino en aquel misterioso encuentro. Te veo un poco distraída, me dijo Casto con su habitual sonrisa de madurito interesante. En la comida te tengo que contar algo, contesté.

Ukiyo-e, Fiesta de la Contemplación de las flores del cerezo, Toyohara ChikanobuCuando llegamos a Punto MX pedí una mezcaliña. Lo necesitaba. Tras la segunda ronda, frente a un plato de tuétano a la brasa, saqué el tema. ¿Qué te parecen los japoneses?,  pregunté. Casto contestó irónico. Cuando mi corazón no está entregado a mis generosas compañeras, siempre he preferido las tallas grandes al tamaño sushi. Reí.

Busqué la foto de Kento en google y se la mostré. ¿Ya ha caído?, preguntó. Negué con la cabeza. Encogió los hombros y dijo, bueno, supongo que tampoco habrías pensado nunca en comer tuétano en un restaurante mejicano y te estás chupando los dedos. En la vida hay que dejarse sorprender.

Mezcaliña en Punto MXNo hizo mucha falta que me convenciese. Cuando aquella tarde me llegó un mensaje de Kento no me hice de rogar. La primera pieza de sushi me hizo recordar a Casto con una sonrisa que no tardó en desvanecerse.

Ante aquel tótem, estupenda con mi traje asimétrico de Yamamoto, me sentía tan atraída como desconcertada. En Kento la palabra y la mirada parecían seguir caminos diferentes. Mientras preguntaba con excesiva minuciosidad sobre mi pasado, sus ojos, firmes y lejanos, me atrapaban. Bebía el borgoña con una contención crispante. ¿Qué era lo que me excitaba en él de esa forma?

Tenía que averiguarlo. Así que, dado que no me gusta hacer el amor en hoteles, le invité a tomar una copa en casa. Su corrección se desvaneció al cruzar la puerta. Con una sonrisa, pensé en las palabras de Casto cuando descubrí que los mitos sobre los tamaños no siempre se cumplen.

Shunga, Keisai EisenNo me dio tregua. Sin concesiones devoró mi pelo rojo y mi piel pálida. Su actitud no admitía más que la entrega. Silencioso y oscuro, se apoderó de mí. Borracha de placer, me olvidé de mí misma hasta que, tendida sobre la cama, caí en un profundo sueño.

Cuando desperté, Kento había desaparecido. Buscándole, vi una carta abierta sobre la cómoda piamontesa de la entrada. Era de Philip.

Querida Constanza, espero que esta carta llegue a tiempo. Por razones de seguridad te la envío de mi puño y letra. Sospecho que mi ordenador y mi teléfono están intervenidos. En los almohadones que te he enviado están cosidos los veinte diamantes que he logrado sacar del país. De ellos depende la salvación de los wanda ewé. Un grupo de mercenarios conoce su existencia y está tras ellos. Guárdalos hasta que me ponga en contacto contigo. Tuyo siempre, Philip.

Dejé caer la carta al suelo y corrí hacia el vestidor. Los almohadones habían desaparecido. Maldije al cabrón de Kento y, con  una sonrisa, descubrí que el muy capullo no se había percatado de que habían quedado cuatro sobre el sofá.

Telón, Angelo Quaglio, 1870Unas semanas más tarde fui con Simoneta al Real. ¡Qué pedruscos!, ¿te has liado con un ruso?, exclamó mirando los diez quilates que llevaba en cada pendiente. Digamos que se los estoy guardando a un amigo, contesté. Sabes que haría cualquier cosa por una buena causa.

Simoneta sonrió mientras nos sentábamos. Sonaban los primeros acordes de la obertura de Tristán e Isolda cuando susurró, y exactamente, ¿a quién hay que tirarse para que te pidan un favor así? Porque yo me apunto. Sin lograrlo, intentamos contener la risa ante las severas miradas de nuestros vecinos de butaca.


Plan Cósimo


Punto MX ha revolucionado la alta cocina mejicana en Madrid. Con un total respeto por la tradición, Roberto Ruiz ha incorporado materias primas españolas, poniendo siempre en primer plano la elaboración artesanal de sus platos. Así, el guacamole se prepara en directo y las tortillas de maíz se cocinan en el momento justo en el propio restaurante con la técnica milenaria de la mixtamalización. La palabra puede sonar extraña, pero el resultado es delicioso. Fantásticos los tacos de atún de almadraba, los de buey gallego y, por supuesto, el tuétano a la brasa. No es de extrañar que este local del barrio de Salamanca esté abarrotado. Os recomiendo reservar entre semana. Los viernes y los sábados la lista de espera es interminable.Punto MXY para los que andéis despistados sobre el tema, un aviso: el mezcal es tendencia. Elaborado con piñas de agave, se acompaña de lima o naranja (nada de limón, por favor) y una sangrita o zumo de tomate preparado tras el trago. El buen mezcal se distingue por su perlado al voltearlo y por su composición: 100% maguey. El tequila es en realidad una denominación de origen (Jalisco) del mezcal y varía en su composición. Nada de gusanos. El licor más cotizado es el fermentado con pechuga de pavo (sí, no es una errata) o murciélago.  Según el periodo de  maduración puede ser blanco (el de los buenos mezcaleros), reposado (fermentado en barricas de roble entre dos meses y un año) o añejo (cuando supera este periodo). Así que cuando recibáis en casa tened preparada una botella de Alipus o Pierdealmas (me encanta el nombre) para enmezcalaros. Y para los que consideréis que los 55º son un poco excesivos siempre queda la mezcaliña de Punto MX, un cocktail elaborado con mezcal (of course), jengibre, lima y sirope de agave.

Constanza y Kento cenan en Soy, un pequeño restaurante tradicional japonés nada habitual. Si queréis saber dónde van en Madrid los japoneses cuando quieren comer sushi consultad este estupendo post de El Hedonista.

Los almohadones que recibe Constanza son de Mi Baobab que, desde Lomé, envía todo tipo de accesorios elaborados en algodón africano con atractivos diseños. La entrega está asegurada y parte de los ingresos derivados de sus ventas están destinados a sanidad y educación infantil en Togo. Mucho más sobre Mi Baobab en Mundo Cósimo.

By Mi BaobabLa exposición Japonismo en Caixaforum es un fascinante recorrido por la influencia que tuvo la cultura japonesa sobre las artes de Occidente a lo largo del siglo XIX. A través de una rica colección de objetos que abarcan indumentaria, grabados, armaduras y artes decorativas se busca el diálogo con obras de arte europeas.

Créditos: Imagen de Yojimbo, grabado erótico Shunga y telón de Angelo Quaglio de Wikicommons Media; Ukiyo-e cortesía de CaixaForum; imágenes de Punto MX cortesía del restaurante


COMPARTIR

SUSCRÍBETE VÍA EMAIL

Lo último en Cosimo

Sígueme en facebook

Sígueme en twitter