• diciembre 18, 2012
  • TIPS

Cómo salir de la crisis (un rato) con Gauguin

por Casto Salazar

Supongo que Cósimo ya os a habrá hablado de mí. Casto, el arquitecto en horas bajas reconvertido en acompañante-con-derecho-a-roce-por-un-nada-módico-precio. En breve, escort. Con la crisis, ya se sabe, ¡hay que reinventarse!

Ayer ocurrió algo curioso que Cósimo me ha pedido que os cuente. Nuestra comida mensual de Los Desubicados en El Pepinillo de Barquillo (el habitual pez mantequilla de Kabuki está descartado con estas estrecheces), no estuvo muy animada.

Yo, la verdad, llegué muy maltrecho. Mi cartera de clientes había sufrido un duro golpe. Dos de mis fijas (ambas divorciadas del ladrillo), me habían comunicado su decisión de cambiar mis servicios por las sesiones de meditación de un gurú seguidor de Sai Baba, instalado en Villaconejos. Les resultaba más barato y les daba mucha más paz, dijeron.

Por su parte Queco, diseñador de veleros, rubito, muy majo (aunque un poco disperso) y amigo de Cósimo de toda la vida, quedó desolado. Constanza le confirmó que Leo no iba a construir el nuevo barco para la Copa América, cuyo proyecto ya había cerrado.

Además, continuó Constanza, no os podéis imaginar como está mi hermana Camila. Leo le ha dado un ultimátum para despedir a su doncella. Tendrá que sobrevivir sólo con dos de ayuda. ¡Está que fuma en pipa!

Cósimo, que había permanecido concentrado mirando su carta, comentó, irónico. Como sigamos así, ¡no sé como vamos a acabar! Sin doncellas, sin veleros, y sin polvos a mil euros, ¡esto va a ser un desastre! Reímos, y la atmósfera se relajó. Corrió el vino.

Tras la comida, propuse a Cósimo ir a ver la exposición de Gauguin en el Thyssen. Le daba un poco de pereza. Me dijo que a él, la verdad, Gauguin le resultaba demasiado exótico-hollywoodiense (creo que eso es lo que dijo, hay veces que este hombre se me escapa). Pero al final se animó.

Íbamos los dos (estupendos) bajando el Paseo del Prado, cuando Cósimo, un poco cabreado, saltó. No soporto la carga negativa que surge en cualquier conversación en Madrid. Sí, la situación es catastrófica, pero no por ello tenemos que estar sacando constantemente nuestras penurias. No pude sino darle la razón.

Entramos en la exposición. Había muy poca gente. Pasamos un rato contemplando, en silencio, las obras de Martinica. Bonitas, sin más. Pero cuando saltamos a Tahití, algo cambió.

Ante el Mata Mua, sentí una revelación. ¡No era real! Aquel mundo idílico de sensualidad inocente y primitivos ídolos religiosos, ¡sólo había existido en la mente de Gauguin! Incluso los colores reflejaban una exuberancia imposible. ¡Todo era una invención!

Cósimo contemplaba una imagen en la que dos mujeres tahitianas sostenían una bandeja con ofrendas de frutas y flores. Con el pecho descubierto y la mirada baja, trasmitían una belleza sensual y sumisa.

¿No te das cuenta, Cósimo?, le dije, entusiasmado. Todo es noanoa. Me miró, escéptico. Continué, ¿No has leído nunca los diarios de Gauguin? Noa Noa, la fragancia. Sí, ¿y?, contestó.

Pues que es obvio que, a partir de esa idea, Gauguin construyó un paraíso a su medida. Mira los colores, las mujeres, la vegetación. Es una arcadia inventada. Cuando él llegó, enfermo y sin un duro, allí no había más que gendarmes coloniales y prostitución. Pero fue capaz de construir su edén a partir del noanoa.

Le llevé ante Manao Tupapau. Cósimo se reía. Pero, ¿qué va a querer decir con este nombre absurdo?, dijo. ¿Noanoa? Se te va un poco, ¿no?.

¡Pero si está clarísimo!, ¿no lo ves?, contesté. Noanoa es todo lo que a Gauguin le entusiasma, lo que desea, lo que le hace vivir. Lo que le hace ser capaz de re-elaborar, de re-interpretar un entorno hostil (siempre estuvo en lucha con las autoridades coloniales), y alcanzar su felicidad o, al menos, una cierta serenidad.

Y eso, concluí muy vehemente, como tú decías, es lo que todos deberíamos hacer en vez de centrarnos en nuestras desgracias. Cósimo asintió. Touché!, me dijo.

Y el primer noanoa, esta noche, afirmé, ¿por qué esperar? Sonrió. ¿Sabes?, creo que yo también me voy a marcar hoy un noanoa que tenía en perspectiva, dijo al despedirse.

Sintiéndome un hombre nuevo ante la crisis me encaminé hacia el Colegio de Arquitectos, en la calle Hortaleza, donde se inauguraba (muy oportunamente) la feria Casa Arte. Obras seductoras, gente guapa y precios bajos. ¿Qué te apasiona, Casto?, me dije. Por una cantidad más que razonable compré Minnie está por Mickey (me encantó el título), de Jaime Compairé. Contemplé la obra. Tenía mucho noanoa, eso era indudable. Sonreí.

En el stand de la Urban Gallery me esperaba Juanito (sí, Juanito, ¿qué le vamos a hacer?, porque yo, como Cósimo, siempre le he dado a todo, pero desde que al sexo femenino le cobro, la libido se me caído una barbaridad en ese frente). Con una sonrisa, elevó la mirada por encima de un potencial comprador. Le envié un whatsapp, Le Cabrera.

No se hizo esperar. Unos minutos más tarde, ignorando las llamadas de mi insistente clientela, nos entreguábamos a dos explosivos Long Island Iced Teas, arrancando lo que prometía ser un histórico noanoa anticrisis.

 

Casto, tan encantador como volátil, aparece también en el Plan Cósimo Piranesi, el escort y la pelirrojaConstanza, mujer de armas tomar, rompe moldes con Louise Bourgeois y un buen vino en De Louise Bourgeois y otras panteras. Y como siempre, más imágenes de Gauguin y Tahití 1900 en mi cuenta de Pinterest.


Plan Cósimo


La parodia más genial de una competición de desgracias es el sketch You were lucky, Four Yorkshiremen (con subtítulos), de Monty Python. Para partirse, os lo recomiendo; la comida de Los Desubicados tiene lugar en El Pepinillo de Barquillo, un local cuyo carácter, frente a los excesos del nefasto fashionismo que nos invade, ha ganado con los años, y ofrece una cocina excelente a precios razonables; Casto y Cósimo comieron un foie-gras mi-cuit y una excelente corvina al horno, con un Fray Germán de Rueda, saliendo a unos 35 € por cabeza; Kabuki fue el introductor en Madrid del famoso niguiri de pez mantequilla con trufa (sólo para bolsillos a prueba de crisis); la exposición Gauguin y el Viaje a lo exótico permanecerá abierta en el Museo Thyssen hasta el 13 de enero; para los interesados en el tema, los Escritos de un Salvaje, de Gauguin, incluyen extractos de sus cartas y diarios, Noa Noa. Casto y Juanito se toman un delicioso y contundente Long Island Iced Tea (con vodka, ginebra, tequila, ron y triple seco, entre otros ingredientes) en la cocktelería Le Cabrera, donde os recomiendo ir entre semana, los viernes y sábados los camareros no dan a basto.

La feria CASA//ARTE, representa una innovadora propuesta en el panorama español. Tiene como objetivo la iniciación al coleccionismo en tiempos de crisis, un gran reto. Las obras expuestas no superan los 1.800 € y se celebra en el céntrico Colegio de Arquitectos, en la calle Hortaleza, 63, entre el 18 y el domingo 23 de diciembre. Casto compra la obra de Compairé, de técnica mixta, en Blanca Berlín. Juanito trabaja en Urban Gallery, un innovador proyecto de arte online.

Créditos: fotografías de Carolo Martín, El Pepinillo de Barquillo; Museo Thyssen, Mata Mua; Wikimedia Commons, Manau Tupapau; Minnie está por Mickey © Jaime Compairé, cortesía de la galería Blanca Berlín.


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