19 marzo 2013

Como acercarse a una instalación sin desconcierto

Tengo que admitir que para mí representó un esfuerzo comprender una buena parte del arte actual. Sin embargo, como expresión de nuestro tiempo, no podía dejarlo de lado. Si me gusta el arte, pensé, tengo que ser capaz de entender y apreciar lo que hoy los artistas están produciendo.

Tras un primer impulso, descubrí que no es tan difícil. Frente a su aspecto hermético, el arte actual trabaja con lenguajes que conocemos. Sus orígenes están en movimientos como el barroco o las vanguardias. Sólo hay que seguir los puntos. Os propongo hacer la prueba con la instalación, uno de los géneros que más desconcierto generan en el observador ajeno al arte contemporáneo.

¿Qué es una instalación? Se trata de una manifestación artística cuyo soporte no es un lienzo o un bloque de mármol, sino el espacio. En este espacio, mediante la combinación de materiales diversos, que pueden incluir pinturas, esculturas, objetos cotidianos, proyecciones, audiovisuales, humo o perfumes, la instalación busca generar una interacción con el observador.

El origen del concepto es tan antiguo como la civilización. A lo largo de la historia, partiendo del propio marco arquitectónico, los rituales religiosos y cortesanos han hecho uso de la modulación de la luz, el brillo de los metales preciosos, la pintura mural, el olor de materias aromáticas y el sonido de instrumentos.  El objetivo siempre ha sido el mismo: maximizar la reacción emocional en el espectador.

El barroco renovó bajo un nuevo espíritu estos mecanismos escenográficos. Tres siglos más tarde, el surrealismo emprendió un proceso similar, pero con intenciones muy diferentes. La reacción emocional en el espectador no tenía ya como objeto sobrecoger, ni exaltar el sentimiento religioso, sino sacudir conciencias y provocar un cuestionamiento del orden imperante y sus consecuencias.

Sus primeras manifestaciones las encontramos en los objets trouvés de Duchamp, y en actuaciones del movimiento Dada como la Merzbau de Schwitters, una intervención en una casa familiar que quedó transformada en objeto artístico. Transformar lo cotidiano en arte o disolver el arte en lo cotidiano, como buscaba el movimiento Fluxus en los años 50 y 60, con el que Vostell estuvo estrechamente relacionado.

La crítica directa a la sociedad de consumo queda implícita en su instalación, La Fiebre del Automóvil. Ésta se funde con el espíritu surrealista en El Fin de Parzival, ideada por Dalí en los años 20.

En los años 80, la instalación se generaliza, diversificándose. Las ramificaciones conceptuales son múltiples. El llamado fin de las ideologías hace que la protesta política pase a un segundo plano. Es habitual la exploración de ideas genéricas como el poder o la identidad. Nacho Criado  juega con el paso del tiempo, creando efectos con materiales metálicos o cristales rotos. Otros artistas abordan temáticas personales muy concretas, como los universos femeninos de Louise Bourgeois o Anette Messager. También encontramos instalaciones basadas en conceptos puramente espaciales y sensoriales. Es difícil permanecer indiferente ante la potente obra de Anish Kapoor.

Ante cada una de estas obras, sólo hay que detenerse unos segundos y preguntarse ¿qué me intenta decir? Puede que no encontremos respuesta, pero vale la pena intentarlo.

Imagen: Leviathan, Anish Kapoor, Monumenta 2011, por y.caradec

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