14 mayo 2013

La peregrina y otras bagatelas. Joyas de los Austrias

La perla Peregrina adquirió fama mediática cuando Richard Burton se la regaló a Liz Taylor. No se sabe a ciencia cierta si es la que colgó del Joyel Rico de los Austrias, pero es bastante probable.

Su historia es fascinante. Encontrada en Panamá, fue ofrecida a Felipe II, que se la entregó a María Tudor. Se la denominó así por su peculiar forma. No eran habituales las perlas en lágrima. Sería incorporada al Joyel Rico, que lucieron Margarita de Austria o Isabel de Borbón hasta que José Bonaparte se apropió de ella. De él pasó a su sobrino, Napoleón III, que la vendió al inglés Marqués de Abercorn tras perder el trono. Adquirida en una subasta en 1969 por su esposo, pasó al cuello de Liz Taylor. En 2011, tras la muerte de la actriz, alcanzó los nueve millones de dólares en Christie’s.

Una de mis revelaciones al estudiar joyería de la Edad de Oro española es la profusión con la que aparece en las imágenes de la época. En los retratos de corte las joyas están tan integradas en el vestido, que es fácil pasarlas por alto.

Anímate a abrir la imagen de Margarita de Austria de Pantoja de la Cruz y juega con el zoom. Su atrezzo es sorprendente. El Joyel Rico, que cuelga sobre el pecho, está formado por la Peregrina y el diamante Estanque. Considerado el más perfecto de la época, Felipe II había pagado por él la astronómica cifra de 8.000 coronas. Se lo ofreció a Isabel de Valois con motivo de su matrimonio, que lo lució en un marco de oro esmaltado.

Rodea el JOYEL un COLLAR DE HOMBROS y, bajo el mismo, cosidos a la tela, BOTONES con diamantes oscuros y esmaltes. Estas joyas se aplican sobre los hombros y cierran las aberturas o cuchilladas de las mangas. Las MANILLAS, a modo de pulsera, repiten el mismo motivo que la rica CINTA DE CADERA. Esta pieza, que sigue la forma en V del cuerpo, queda rematada por un gran diamante cuadrado.

Para que los lazos no queden a la vista, se ocultan con PUNTAS de oro y pedrería. Y sobre el cabello, la reina luce dos TIRAS DE CABEZA y un AIRÓN con perlas y una piedra central, que sujeta una pluma.

Por algo se llama retrato de corte. No debía de ser fácil moverse con todo eso encima. Pero Margarita era reina y, claro, las joyas hay que lucirlas.

Imagen: Ana de Austria, Bartolomé González, 1616, Wikimedia Commons

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