• noviembre 28, 2012
  • TIPS

De Louise Bourgeois y otras panteras

por Constanza Gil-Brooks

El viernes había planeado ir con Ioanna, mi amiga griega, a ver la expo de Louise Bourgeois. El día había empezado mal, tenía la regla. Yo además, trabajo de verdad. No como Cósimo, que es divino. Me pasé toda la mañana peleando con un capullo del ministerio que no me dejaba llevar una pantera a un evento que estoy montando para Cartier. Acabé peor que la pantera. Un desastre.

Afortunadamente, mi hermana me había invitado a comer. Esperaba desahogarme con ella. Pero no. Estaba molesta. Muy molesta. Cuando el filipino se retiró, disparó. Oye, Constanza, ¿es cierto que te has liado con un sobrino de Leo?.

Casi se me atraganta el Perrier. Continuó. ¿No te parece que Alvarito es un poco joven para ti? Alvarito tiene veinticinco y es un cañón. Me había entrado en una reunión familiar y, oye, a nadie le amarga un dulce. No te cae un abercrombie en la cama todos los días.

Sintiendo que la sangre me comenzaba a hervir, la contesté. Mira Camila, para empezar, no me he liado con él, me lo he follado. Y si a Leo no le importa que sus amigos divorciados se tiren a la primera veinteañera que les pasa por delante, no sé por qué le tiene que importar con quién me acuesto yo.

Mi hermana que, aparte de rica, guapa y delgada, es muy propia, se levantó y, sin decir palabra, me dejó plantada en su suntuoso comedor.

Me terminé el cigarro haciendo como que disfrutaba de las vistas al Retiro, cogí mis cosas y, tras despedirme del sonriente filipino, me fui de un portazo. Así llegué a la puerta de la Casa Encendida. Ioanna, felizmente divorciada hace años, comprendió mi cabreo. Son unos cabrones hipócritas, dije, alterada. ¿A qué piensan que nos dedicamos las separadas? ¿A zurcir el ajuar?

Entramos. Sobre las paredes se desplegaban, cubriendo la sala, las telas bordadas de un ajuar. Al verlo, Joanna y yo soltamos una carcajada. ¿Ves?, ella nos comprende, dijo Joanna.

Sobre una de las telas, en letras rojas, junto a un reloj, se leía: What did you do for twenty years? You have wasted your life. Se me saltaron las lágrimas. Había visto obras de Bourgeois antes, pero éstas, realizadas en la última década de su vida, parecían radiar una energía profunda, muy femenina. Había en ellas algo visceral, algo que sacudía sentimientos que permanecían muy dentro, olvidados.

En una de sus Cells, en la que una cabeza de trapo negra colgaba en una jaula de madera, me vi, como en un espejo, frente a mi hermana en el almuerzo. Juzgada, denigrada, humillada.

A Ioanna toda aquella crudeza no parecía afectarle. Yo ya he pasado por todo eso, dijo. Me he sentido muchas veces como en esa silla frente al espejo, rodeada de muros. Pero tout passe, sonrió.

Tras un traumático divorcio con un guapo cretino madrileño, había luchado paso a paso el camino hacia su liberación. Él se sentía tan apegado a la flota mercante de los Stanopoulos que, después de años de maltrato y desprecio, entabló una interminable batalla legal para retenerla.

Hoy, barroca y exuberante, con sus rasgos angulosos y su abundante atrezzo, Ioanna parecía haber encontrado la fuente del optimismo.

Courage!, me dijo, cogiéndome del brazo, tengo preparado un buen plan. Los chicos de La Tintorería, la vinoteca de mi barrio, han organizado un evento por aquí, será divertido.

Cruzando la calle Atocha, unas escaleras descendían hacia una red de bóvedas subterráneas de una antigua bodega. En los pasajes de ladrillo se alineaban bodegueros e invitados. Copa en mano, nos internamos en el laberinto.

Tras un par de vinos, las tragedias del día comenzaron a diluirse y se asentó, ya sereno, el potente impacto de la Bourgeois. Entre el público predominaban jovencitos del barrio de Salamanca, recién salidos de sus bufetes y consultoras. Hacíamos una extraña pareja. Ioanna, con una túnica colorida y cubierta de brazaletes dorados, causaba sensación. A su lado, yo, alta, pelirroja, de negro, y más pálida de lo habitual, me sentía muy chic, aunque un poco sosa.

Dos chicos con raya diplomática se pusieron al lado. Nos miraban. ¿Qué?, ¿ligamos?, dijo Joanna. Me reí. Espero que no sean sobrinos de Leo, dije, y si no, ¡que le den!


Plan Cósimo


Constanza y Joanna acuden al tercer aniversario de La Tintorería, con vinotecas en la calle Gurtubay, 4 y Marqués de Zafra, 35. Se celebró en La Antigua Bodega de la calle San Blas, 4, un espectacular espacio disponible para eventos. En la cata Constanza y Joanna empezaron con un Basa de Rueda, de la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez, que trabaja en nueve denominaciones de origen, recuperando variedades olvidadas. Siguieron con el blanco Sketch y el tinto El Pecado de 2009, de Ribeira Sacra, donde Raúl Pérez trabaja en pequeñas producciones, muy difíciles de encontrar. También tuvieron la oportunidad de probar los grandes vinos del Terroir Al Limit, del Priorato, con la personal marca de Dominik Huber. La Tintorería realiza periódicamente catas nada convencionales.

Créditos: fotografías por Andrew Steel, Enderst07, y Manuel Blanco para la Casa Encendida. Todas las obras de Louise Bourgeois ©Louise Bourgeois Trust.


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