• diciembre 4, 2012
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Love is in the air? Lord Bleighton en Zamora

por Cósimo de Monroy

Había dado a Alistair por perdido. Las mujeres españolas son demasiado temperamentales, decía a menudo arrastrando las erres. Tras el escándalo protagonizado por su mujer con un fornido futbolista del Manchester, había decidido alejarse de Bleighton House por una temporada. Lo cierto es que su exilio toledano pocas distracciones ofrecía al margen de la caza. Necesitaba compañía. Los divorcios no se superan a golpe de escopeta.

Cuando me pidió que le acompañase a Zamora, pensé en Liliane. Pasaba unos días en Madrid tras presentar su última colección y no me costó convencerla. Le divirtió la idea de una cita a ciegas.

Se presentó con una petite robe noire y un intempestivo casquete de plumas pardas y moteadas. Sus ojos, oscuros, habían adquirido intensidad con los años. Observó a Alistair. Elegante, aunque algo desgarbado, pensó. La profusión de pana y tweed le arrancó una sonrisa.

Tras dos horas ensordecedoras en un Aston Martin, recorrimos los puntos más sugestivos del primer románico zamorano. San Cipriano, San Claudio de Olivares, con sus capiteles de sirenas y centauros, y Santiago el Antiguo, donde el Cantar dice que fue armado caballero el Cid.

La temperatura se había mantenido tibia. Alistair hizo uso de una contenida corrección, mencionando repetidamente las bondades del clima castellano. Liliane, que me había dirigido varias miradas acusatorias, manifestaba un incipiente aburrimiento ante tanta sobriedad. Me empezaba a sentir incómodo.

Afortunadamente, Aquiles acudió en mi ayuda. Travestido en caballero gótico, rodeado de damas con ricas vestiduras y tocados cubiertos de pedrería, hacía desbordar con sus hazañas el más bello tapiz de la catedral. Los ojos de Liliane por fin brillaron. Oh là là! C’est magnifique!, exclamó.

Incitado por esta inesperada muestra de entusiasmo, Alistair rodeó unos segundos su cintura, retirando la mano para señalar a Héctor, Agamenón, Casandra, Príamo.

Liliane sabía captar señales más peregrinas. No dejó escapar la oportunidad. Nunca una sopa castellana y unos garbanzos al ajoarriero habían presenciado una maniobra de seducción semejante. Las botellas de Toro se sucedían. Necesito un poco de aire, exclamó finalmente.

Comprimidos en el Aston Martin, aterrizamos en Campillo. ¿Dónde nos has traído?, preguntó Alistair, inquieto. Aparcamos al borde del pueblo. El cielo se había nublado, y una luz plomiza se extendía sobre los campos.

Me retrasé unos pasos. Se había levantado viento. Una ráfaga inesperada levantó la chaqueta de Alistair. Liliane bajó la mano por su espalda, y le tocó el culo. El pálido cuello de Alistair elevó su tono una escala completa del pantone. Caldeados por el vino, comenzaron a reír.

Entre risas furtivas nos acercamos al vendedor de manzanas que, con un canasto, se había instalado en el muro que daba acceso a la iglesia. Nos las llevamos todas, dijo Alistair, visiblemente excitado. El lugareño, de cara curtida, se encogió de hombros. Estos madrileños, cada día más raros, murmuró.

Con una manzana en la mano, entré en San Pedro de la Nave. No me habían seguido. Sonreí. Miré alrededor. Todo seguía en su sitio. El arco de herradura y el capitel de Daniel en el foso de los leones. La tarde se había calmado. Sentado sobre el muro, con el canasto a mi lado, les vi acercarse por el camino. Iban de la mano.


Plan Cósimo


Alistair conduce un Aston Martin DB6 de 1966. Modelos similares aparecen con frecuencia en la revista Octane. Si entra hambre por el camino, ningún lugar mejor para detenerse que El Torreón, en Tordesillas, con magníficas carnes a la brasa y cocina de la zona. En Zamora visitan el conjunto de iglesias románicas del siglo XI y principios del XII: Santiago el Viejo y San Claudio, en las cercanías de la catedral, y San Cipriano, en la plaza vecina al Parador. En el Museo Catedralicio, al que se accede desde la propia catedral, se conserva la excepcional colección de tapices flamencos de finales del XV. Tras la visita comen en El Rincón de Antonio, con una estrella Michelin, con un vino Almirez de 2010, de Toro, en torno a los 20€. Por último Cósimo visita la iglesia visigótica de San Pedro de la Nave, en la localidad de Campillo, a 22 km de la ciudad. Si se desea pasar la noche en Zamora, y a riesgo de ser acusado de resultar poco innovador, el Parador Condes de Alba y Aliste es la mejor opción. Las habitaciones que rodean el patio tiene un gran encanto, aunque la renovación haya introducido elementos de dudoso gusto.

Créditos: Fotografías por Lansdownplace: Aston Martin; Freecat: Santiago de los Caballeros y San Pedro de la Nave; y Museo Catedralicio de Zamora: Tapiz de la Tienda de Aquiles.


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Desde entonces se limitó a buscar las sintonías y las disonancias de un entorno cerrado #PaulKlee

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