• mayo 29, 2014
  • TIPS

El sueño del amor produce monstruos

por el Autor

¿El sueño de la razón produce monstruos? El autorretrato de Goya me miró de reojo. No señor, respondí. Los monstruos no se producen. Los monstruos están.

Hubo un tiempo en el que una línea nítida separaba las luces de las sombras. Ahora no. Las formas son difusas. En realidad, nada importa.

El sueño de la razón produce monstruos, Caprichos, Goya

Pero, ¿quién tendría el valor de revelarlo? No se saca la bestia a pasear. Se esconde, se burla, se enmascara. El engaño se acaba transformando en la más refinada versión de la crueldad.

A mí me gusta, no lo niego. Lo considero una tibia compensación a mi disfraz burgués. Al fin y al cabo, me enseñaron que es muy lícito dejarse suplantar por un simulacro. Su falsedad sólo se debe desvelar cuando el daño es irreparable. Muy Valmont.

En ningún lugar habitan tantos monstruos como en el amor.

Idolo cicládico

I.- La trampa [Museo Barbier Müller, Ginebra. Mañana invernal. Una vaga llovizna cae tras los ventanales]

Mientras recorre las reducidas salas del museo, el sonido sordo de los tacones sobre el mármol genera una desconcertante inquietud en Simoneta. Lleva un traje de pantalón claro. Su melena corta enfatiza la ausencia de maquillaje. Con gesto grave, se detiene ante un ídolo cicládico.

Un hombre moreno de barba compacta entra en el museo. Deja la gabardina en el guardarropa y paga su entrada. Viste traje y corbata negra. Con paso decidido, atraviesa las salas vacías hasta localizar a Simoneta.

– Nada peor que hacer esperar a una mujer.
– ¿Qué te hace pensar que te estaba esperando?
– Tu sonrisa no miente.

Mirándole, Simoneta se sorprende de nuevo ante el parecido entre Aldo y su hermano Cósimo. Su pulso tiembla ligeramente.

– Necesito que me prometas algo. No quiero saber lo que ocurrió en Otranto.
– No he venido desde Zurich para hablar de tu abuelo… ¿de nuestro abuelo?

Sin mirar atrás, Simoneta le da la espalda y se aleja. Aldo la sigue.

– Te dije que no quería saber nada de ese tema.
– Hay cosas de las que hay que hablar, aunque no sean agradables.
– Esto es absurdo. Debo marcharme. Tengo una cita en el banco.

Aldo cierra el paso y, con firmeza, la atrae hacia él. Presionando su nuca, acerca el rostro lentamente. La tensión crece. Al alcanzar sus labios, la voluntad cede. El beso se prolonga hasta que Simoneta se libera con un gesto brusco. Aldo sigue sus pasos con la mirada.

– Te espero esta noche. Suite 302. Hotel des Bergues.

Ella sonríe.

– No va a ser tan fácil. Sé que no se puede confiar en un Scarpa. A ti sólo te falta el apellido.

El Jardín del Convento, Hervás

II.- El romance [Hervás, Cáceres, desayuno en El Jardín del Convento. Un sol primaveral ilumina la vista sobre la Sierra de Francia]

Très jolie! N’est-ce pas?, exclama Ioanna rodeada de camelias. Las mesas del hotel se distribuyen entre setos y macizos de flores.

Sonríe y coge a Rafa de la mano. Sus corpulentas figuras se acomodan en sillas de madera rústica. Rafa, con perilla, botas, camiseta negra y pantalón de bolsillos, se dirige hacia el buffet, suministrando a Ioanna un suculento plato de queso.

¡Qué mono eres!, susurra. Su pecho se eleva bajo la túnica. Tras los primeros bocados, la sonrisa se diluye en una inesperada desazón.

– Rafa, soy demasiado feliz.
– ¿Se puede ser demasiado feliz?
– Cuando lo he sido siempre he recibido un castigo.
– Te refieres a Alonso.
– Ce connard!
– No tiene por qué ser siempre así.

La duda cruza el gesto de Ioanna mientras ataca la torta del casar.

– Creo que me va a dar un ataque de pánico.
– ¿Por ser feliz? Estás de coña.
– Rafa, quiéreme. Hoy necesito beaucoup d’amour. ¿Me llevarás a la cama en brazos?
– Eso lo veo complicado.
– ¿Entonces me devorarás como una bestia feroz?
– Yo encantado, pero chati, ayer me dejaste seco. No esperes milagros.

Con un guiño consolador, Rafa coge el cuchillo para cortar un huevo frito. Ioanna intenta ignorarlo, pero percibe en aquel gesto el principio del fin.

Atardecer, La Valtellina

III.- ¿La decepción? [Bianzone, La Valtellina, norte de Italia. Austera habitación en la Locanda Altavilla]

Tras repetidos intentos en los que su melena roja se agita de forma convulsa, Constanza logra abrir las contraventanas de madera verde. Valerio observa la maniobra con una sonrisa. La vista se abre sobre un pueblo de casas de piedra oscura y tejados pardos. Constanza suspira, alterada.

– Hay que joderse. ¡Menudo espanto!
– Querida, sólo te dije que vendríamos a la tierra de mis antepasados. No es Provenza, pero admite que el paisaje es maravilloso.
– ¿Y dónde está el famoso Palazzo Vesta?
– Podemos visitarlo.
– ¿Cómo? ¿Así que lo de esta pensión mugrienta va en serio?
– No está nada mal. Anna es una gran cocinera.
– Lo tengo merecido por fiarme de alguien como tú.

Arrancando el bolso del sillón, Constanza sale de la habitación y se dirige a la terraza. Apoyada en la barandilla, contempla la vista de los Alpes con una copa de vino.

Valerio se sienta frente a ella y pide un plato de pizzocheri. La signora Anna los sirve siguiendo un ritual del que sólo ella es consciente. Constanza rompe el silencio.

– Sabía que eres un fraude.
– No lo niego.
– Conmigo no habrías podido jugar como con Blanca. Tampoco creo que te interese. No tengo su dinero.
– ¿Jugar contigo? Quizás haya intentado ser yo mismo. ¿Por qué si no iba a traerte aquí?
– No te creo. Hay algo en ti que repele. Generas desconfianza.
– ¿Mezquindad, crueldad, mentira? Hay pocas cosas de las que no me hayan acusado.
– Me quedo con la mentira, es más divertida.
– Sigamos jugando, entonces.
– Pero la jugada continúa en el Due Torri de Verona. Me lo he ganado. ¿Y quién te ha dicho a ti que estoy interesada en conocer al auténtico Valerio? Eres perverso, pero sospecho que ese personaje del que hablas resultaría decepcionante. Los malvados tenéis vuestro encanto.

Constanza se sienta. Con una sonrisa, Valerio pide otra botella de vino.

[En ningún lugar habitan tantos monstruos como en el amor]


Plan Cósimo


Ginebra resulta tan gris que resulta difícil encontrar su encanto. Pero, como todas las ciudades, tiene sus secretos. Uno de ellos es el Museo Barbier Müller. Escondido en una calle estrecha de la parte alta de la ciudad, reúne una refinada colección de arqueología y arte étnico. En su reducido espacio, las exposiciones rotan periódicamente. Nunca defrauda.

Camelias blancas, El Jardín del Convento, Hervás

Si una visita a Ginebra requiere siempre una razón de peso, a lugares como Hervás siempre se vuelve. Fuera de las rutas turísticas, las callejuelas de su pequeña judería tienen un sabor íntimo. En una de sus plazas se encuentra El Jardín del Convento, una antigua casona convertida un pequeño hotel familiar. Desde la parte trasera se accede a un maravilloso jardín que Carlos cuida con devoción. Aunque no soy partidario de las visitas guiadas, Chano os hará descubrir un Hervás muy diferente.

La Valtellina es uno de los escasos puntos de Italia cuyo encanto no es obvio. La guía Michelin ni siquiera la menciona. Situada en el Camino Español que atravesaban los Tercios de Flandes en su ruta hacia el norte a través de los Alpes, el valle que la recorre se ha convertido en una sucesión de naves industriales. Sin embargo, las laderas boscosas en las que se intercala el cultivo de la vid, esconden pequeños pueblos de montaña, maravillosos paisajes y auténticos tesoros gastronómicos. No en vano es la patria de la bresaola.

Los sobrios tintos de la zona, como Fay o Le Prudenze, elaborados con uva nebiollo, sorprenden. Ningún lugar para disfrutarlos como la Locanda e Tipica Trattoria Altavilla (así se llama, no es broma), en Bianzone. Anna es muy real y supera cualquier expectativa. Es obligada la visita al Palazzo Besta, del XV, con un delicioso patio y la única representación en fresco que conozco de Orlando Furioso de Ariosto. Y si por el camino de vuelta pasáis por Verona, no lo dudéis. El mítico hotel Due Torri es, en sí, toda una experiencia.

Créditos: El sueño de la razón produce monstruos, de Goya, de Wikimedia Commons; Ídolo cicládico por Mary Harrsch; Atardecer en La Valtellina por L’Orso sul Monociclo


 

COMPARTIR

SUSCRÍBETE VÍA EMAIL

Lo último en Cosimo

Sígueme en facebook

Sígueme en twitter