Atenea y hércules, Copa ateniense, siglo V

7 marzo 2014

La mujer y el mito

En Occidente, el arte ha sido tradicionalmente un asunto de hombres para hombres. Hoy las cosas han cambiado, pero salvo Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi y Angelica Kauffmann, la presencia de mujeres-artistas en la historia es escasa.

Por parte de los comitentes, es cierto que determinadas mujeres, como muestran los programas de María de Hungría en el palacio de Binche o Cristina de Suecia en el Palazzo Corsini, actuaron activamente como tales. Sin embargo, sus encargos se atienen a una línea cortesana o religiosa en su sentido más estricto: culturalmente convencional y por lo tanto, masculina.

Como arquetipo, la mujer en el arte occidental, es Virgen, Santa, o la perdida Eva que retoma el relato bíblico.

Afortunadamente, siempre quedaba el mito. Para enriquecer este desolador panorama la mirada se volvía hacia Ovidio y, más adelante, hacia Homero y el teatro griego. La mujer surge de sus narraciones con una gran riqueza de matices y tonalidades que quizás nadie como Tiziano supo plasmar. He aquí algunas de ellas (y no os olvidéis de pinchar en los links):

Hera, la esposa: Su papel, que a veces raya lo satírico, es el de la celosa esposa de Zeus. Representa por un lado la unidad familiar (el dios supremo no puede estar soltero), y por otro los celos de la mujer obsesionada por las constantes infidelidades de su marido. Así, busca sin descanso a las amantes de su esposo (como Io) y al fruto de la infidelidad (Hércules), sirviéndose de trucos y argucias para vengarse.

Afrodita, la amante (o la prostituta): Diosa de la fertilidad, muestra en los mitos un carácter voluble y promiscuo. Esposa del no muy agraciado Hefesto, dios de la metalurgia, se enamora del apuesto dios de la guerra, Marte, con quien su marido le sorprende, y con un humano, Adonis el cazador, que muere trágicamente arrollado por un jabalí. Es muy habitual, desde los pintores venecianos del XVI, representarla como a una cortesana de la época. Ya se sabe… cría fama y échate a dormir.

Helena, la femme fatale: Si alguien la ha “liado parda” en la historia, ésta ha sido Helena. Casada con Menelao, fue otorgada por Afrodita como premio a Paris, príncipe de Troya, que no dudó en raptarla y llevársela a su ciudad. Lo que pasó después lo sabemos todos: la de Troya. Ella acabó de rositas en Esparta, de vuelta con su esposo. No es de extrañar que a principios del siglo XX resurja como modelo de la mujer que lleva al hombre a la perdición.

Artemis, la virgen: Pero no como las nuestras. Con su séquito de jóvenes (vírgenes como ella), recorría los montes de Arcadia cazando. Tenía serios problemas con los hombres. Irritada por que Acteón la hubiese visto desnuda mientras se bañaba, la diosa lo transformó en ciervo y lanzó a su jauría contra él.

Fedra, la infiel: Casada con Teseo, el héroe, que no estaba nada mal, se enamora nada menos que de Hipólito, fruto de un desliz de su esposo con una amazona. El joven, que detestaba a las mujeres, la rechazó. Temiendo que se lo rebelase a Teseo le acusó de haber intentado violarla. Teseo rogó a Poseidón que hiciese matar a su hijo y el pobre murió arrastrado por los caballos. Fedra se ahorcó. Como es fácil apreciar, la historia tiene moraleja.

Ariadna, la abandonada: Teseo había sido una buena pieza. Para matar al Minotauro en Creta, conquistó a la hija del rey: Ariadna, que le proporcionó el famoso Hilo de Ariadna para poder salir del laberinto. Pero de vuelta a Atenas, él la dejó abandonada mientras dormía en una playa de la isla de Naxos. Menos mal que llegó Dioniso, el dios del vino, y la convirtió en su esposa. Al final, la jugada no le salió del todo mal.

Hécuba, la madre: Esto sí que es tragedia en estado puro. Esposa de Príamo y reina de Troya, contempla con valor la desgracia de su familia por la insensatez de uno de sus hijos: Paris. Troilo, tras negarse a ser seducido por Aquiles, muere atravesado por su espada. Casandra, la adivina condenada a que nadie creyese sus oráculos, es violada por Ayax en el templo de Atenea. El resto, incluyéndola a ella son muertos o vendidos como esclavos.

Antígona, la hermana: Su hermano Polinices muere en combate. Creonte, el rey, acusándole de traición le niega honores fúnebres, pero ella se los dedica enfrentándose a su decisión. Como consecuencia es sepultada viva. Sin duda, amor de hermana.

Atenea, la mujer de acción: Para no concluir con tragedias, terminamos con Atenea, hija de Zeus y diosa, entre otras cosas, de la sabiduría, la estrategia y el ingenio. Diosa virgen, actúa como apoyo incansable de héroes como Heracles, Teseo y Odiseo. Sus actos revelan a una diosa de espíritu, a una mujer de acción. Ella misma lucha en las batallas contra los Gigantes. Atenea rompe moldes. No es extraño que no aparezca mucho en el arte occidental.

Imagen: Teseo, el Minotuaro y Atenea, Copa de Aisón, Museo Arqueológico Nacional, Madrid, Wikimedia Commons.

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