1 abril 2013

El palazzo romano, o como epatar con arte

Desde el exterior, el Palazzo Colonna no llama la atención. Sin conocer su relevancia, es difícil sospechar que esconde uno de los espacios más impactantes de la ciudad, su galería.

Los Colonna han jugado, durante siglos, un papel clave en la lucha de las familias romanas por el poder, que representaba, al fin y al cabo, el poder sobre la Iglesia y, por extensión, sobre el mundo católico. Sus orígenes se remontan a los siglos oscuros de la Edad Media, con gran abundancia, como es propio, de cardenales y papas en su árbol genealógico. Actualmente mantienen el título de Príncipes Asistentes de la Santa Sede.

El Palazzo Colonna engloba diversos edificios que rodean un sorprendente patio y un gran jardín al que se accede por puentes voladizos sobre la calle. Tal despliegue de medios no es una excepción. La espiral competitiva entre la aristocracia romana, como ocurre en muchas ciudades de Italia, contó en Roma con los medios proporcionados por las rentas eclesiásticas, y con una brillante nómina de artistas durante los siglos XVI y XVII.

Cada nuevo papa tenía como objetivo prioritario engrandecer a su familia, en la figura de sus nepoti (sobrinos), mediante la construcción de un edificio más grandioso que su predecesor. El Palazzo Farnese, hoy Embajada de Francia, fue clave en esta evolución. En su diseño participaron Giacomo della Porta, Vignola y Miguel Ángel. Las pinturas de Anibale Carraci supusieron una revolución en la decoración de las bóvedas, y la doble altura del salón de Hércules y de Fastos Farnesianos marcarían un ejemplo a seguir.

En este aspecto es sobrecogedor el Salón del Triunfo de la Divina Providencia (o más bien de los Barberini), en el Palazzo Barberini, hoy parte de la Gallería Nazionale de Arte Antica. En su bóveda Pietro da Cortona dio un giro vital en el arte barroco, creando una visión “di sotto in su” que, mediante un trampantojo, produce la ilusión de la desmaterialización del espacio. Una técnica que se generalizará en la pintura barroca.

Dentro de este panorama la galería emergió como ámbito de recepción cortesano dedicado a mostrar las colecciones artísticas de la nobleza. Típicamente, son espacios de gran altura, en los que los muros se cubren literalmente de pinturas. Uno de los ejemplos más destacados es la galería del Palazzo Colonna. Al margen de la bala de cañón que aterrizó en sus escalones lanzada por las tropas napoleónicas, y allí sigue, se trata del ejemplo más impresionante que he conocido dentro de esta tipología. Sus proporciones cumplen sobradamente el objetivo de hacer sentir pequeño al visitante ante la magnificencia del príncipe. Nadie como los italianos para lograr una buena puesta en escena.

Imagen: Sala de los Fastos Farnesianos, Palazzo Farnese, actual despacho del Embajador de Francia ente la República Italiana, Wikimedia Commons.

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