21 abril 2013

Paul Klee, un poeta en la Bauhaus

Me costó entender a Paul Klee. Su obra, sutil, no llama la atención en la avalancha de las vanguardias si no te permites unos segundos de intimidad para contemplarla. Como la poesía, necesita un cierto silencio para ser apreciada.

Tampoco comprendía bien su papel en la Bauhaus. Esta institución, fundada por Walter Gropius en 1919, trasladó las vanguardias al diseño gráfico e industrial. Actuó como un laboratorio, canalizando la creatividad de personajes como LissizkyTheo van Doesburg o Kandinsky hacia un objetivo común: llevar a todas las categorías sociales objetos de calidad artística a bajo coste. El resultado fue la creación de un nuevo concepto de diseño, que aún se mantiene vigente.

¿Qué hacía un poeta en este proyecto? En la Bauhaus prevaleció una visión racional y mecanicista, impuesta por Gropius y más tarde por Van der Rohe. Klee, como se aprecia en sus escritos para las clases de teoría de la forma pictórica,  siempre fue el lírico del Blaue Reiter. Al igual que Kandinsky, no acabó de encajar. Como afirma Delfín Rodríguez, la aportación de Klee al estilo Bauhaus fue marginal.

Klee no creía que se pudiese enseñar a ser artista. El arte surge para él mediante la intuición. Sin ella, el estudio y la investigación son estériles. Partiendo de Goethe y la relación que establece entre naturaleza y arte, Klee desarrolla una teoría artística intensamente espiritual.

El acto creativo parte siempre de la naturaleza, pero no como mera reproducción. El artista debe aprehender, asimilar el objeto, humanizándolo. El arte es una parábola de la creación en la que el artista pone orden en puntos, líneas y planos, dotando a estos elementos de sentido.

Buena es la forma como movimiento, como acción, la forma activa, afirmó. La creación siempre implica transformación, movimiento, nunca es estática. Las flechas surcan constantemente sus obras, indicando un incesante dinamismo.

Estableció un repertorio de motivos simbólicos, abstraídos de la naturaleza. La espiral, el círculo y la cruz. Pero también los radiolarios, basados en las complejas formas geométricas de estos organismos marinos. El sol, la luna y las estrellas son símbolos del conocimiento, de la comprensión.

Pero mis favoritos son sus ángeles. Fue a través del Angelus Novus, la figura que obsesionó a Walter Benjamin, como llegué a Klee. Sobre este pequeño dibujo, Benjamin escribió unas líneas que siempre me han fascinado y que cito íntegramente:

Sus ojos miran fijamente, tiene la boca abierta y las alas extendidas; así es como uno se imagina al Ángel de la Historia. Su rostro está vuelto hacia el pasado. Donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona ruina sobre ruina y la arroja a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Imagen: Composición, Acuarela, Paul Klee, 1919

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