• julio 10, 2012
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Piranesi, el escort y la pelirroja

por Cósimo de Monroy

La roja melena de Constanza se fue abriendo paso entre los trajes oscuros que llenaban la sala. Llego tarde, ¿verdad? Siempre llegaba tarde. Veo que me has traído compañía, Cósimo. Espero que me aplique la tarifa de las habituales. Miró a Casto, irónica. Las maduritas con Louboutins son mi especialidad, contestó Casto. Se abrazaron. Reímos. Nada como un reencuentro.

El supuesto pase privado de exposición de Piranesi se empezaba a parecer a la estación de Sol. Nos refugiamos de la multitud en la desierta sala de las Carceri. En la oscuridad, una proyección exploraba bóvedas imaginarias y escaleras sin fin. Sonaban las suites para cello de Bach.

Giambattista Piranesi, El puente Levadizo, Le Carceri d'Invenzione, detalle, 1761, Wikimedia Commons

Casto se detuvo ante un aguafuerte. Cuánta oscuridad, murmuró. Arquitecto de moda en los noventa, su despacho no había resistido las primeras embestidas crisis. De rasgos fuertes, cuerpo atlético, ingenioso, y con un miembro de notables dimensiones, no tardó en aceptar la oferta de una conocida. Es difícil olvidar los placeres del éxito. En un plazo breve logró hacerse con una buena cartera de divorciadas sumidas en el tedio y ejecutivas con sequía emocional. Los laberintos de la razón, reflexionó en voz alta.

El comentario crispó a Constanza. ¡Salgamos de aquí!, exclamó arqueando las cejas. Subimos a la planta donde se exponía la visión  místico-simbólica de Blake, mucho más despejada. Nos detuvimos ante una pequeña imagen. Una poderosa figura desnuda corría envuelta en llamas. Flames of furious desires! Aquí tienes a tu carcelero, señalé a Casto.

William Blake, The First Book of Urizen, Plate 3,"Chap-1" Google Art Project, Wikimedia Commons

Sedientos, nos dirigimos al Cock. Negroni y dos Whisky Sour. ¿Lo decías en serio?, preguntó Casto. Of course. Sonreí. El deseo insatisfecho y la falta de voluntad, según Proust. Todos tenemos un carcelero, contesté. La imagen de Filippo osciló en mi mente.

Constanza suspiró con cinismo. Yo ya tuve bastante con mi exmarido. Las Jornadas de Sodoma, de Sade, era su libro de cabecera. Reímos mientras apuraba su copa. Ahora me tenéis que disculpar un segundo, y espero que hayáis cambiado de conversación cuando vuelva. Las cárceles me deprimen.

La observé mientras se alejaba de la mesa. El vestido, ajustado, marcaba su silueta con precisión. ¿Siempre te ha gustado Constanza, verdad?, pregunté a Casto. Me gusta, pero ya sabes que por acostarme con mujeres ahora cobro. Sonreí. Recordé nuestro breve affair. Yo creo que con dos cocktails más harás una excepción. Levanté la mano. Tres más, por favor.


Plan Cósimo


Las exposiciones Las Artes de Piranesi (hasta el 9 de septiembre) y William Blake, Visiones en el arte británico (hasta el 21 de octubre) se celebran en el Caixaforum Madrid, Paseo de Prado, 36; es interesante la reunión de artículos titulada Las Cárceles de Piranesi, de Aldous Huxley, 2012; para quien tenga unos minutos recomiendo el maravilloso video de Factum Arte, proyectado en la exposición, que penetra en tres dimensiones en el mundo de las Carceri, con las suites para cello de Bach por Pablo Casalls como fondo; la cocktelería Cock, en la que se inició Perico Chicote, fue fundada en 1921 en la calle Reina, 16; Los 120 días de Sodoma o la escuela de libertinaje fue escrita por el Marqués de Sade en prisión, y publicada en 1785. Es una de las obras más crudas del autor, que Pasolini llevó al cine con aún mayor crudeza en la película Saló; en su obra de juventud Los placeres y los Días, Proust establece los temas y obsesiones de toda su producción posterior en una colección ecléctica de relatos, más asequible que los volúmenes de En busca del Tiempo Perdido.

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