• junio 20, 2012
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Post cero: un comienzo

por Cósimo de Monroy

Los últimos invitados se habían ido. El desorden de la fiesta permanecía oculto en la oscuridad. Los balcones dejaban entrar el aire, cálido y denso. Sentía la casa respirar. Salí a la terraza. La luna llena emitía una luz difusa sobre los tejados. ¿Por qué me siento así?, pensé.

Intenté recordar las sensaciones que me habían recorrido, horas antes, ante la instalación de Nacho Criado. Inquietud, desasosiego, ansiedad. El tiempo, mi tiempo, se detuvo.

Una gran estructura radial metálica se extendía, colapsada, en el centro de la sala. El cristal que habría estado destinado a cubrirla yacía en agudos fragmentos sobre el suelo. Una silla, vacía, contemplaba la caída. No es la voz que clama en el desierto. Un buen título para una catarsis.

Sintiendo en la piel un nuevo derrumbe, entré en el salón. El techo se perdía en la penumbra. Entre las sombras, mi imagen se reflejó en los antiguos espejos venecianos que cubrían la pared. La corrosión del azogue generaba formas evanescentes, irreales.

Espejo veneciano, siglo XVIII

Estaba desnudo. No recordaba en qué momento me había quitado la ropa. ¿Quién era aquel personaje? Me contemplaba sin pudor, erguido, con músculos firmes y aire desafiante. Su miembro, arrogante, se proyectaba hacia mí.

No me mires así, siempre te ha gustado contemplarte. Sonrió. No te lo reprocho, la verdad es que no estás nada mal. Y ya no eres un crío. Aquel chico que se parecía al Sastre de Moroni quedó atrás… Pero algo habrás ganado con los años, además de alguna cana y mucha vanidad.

Guardó silencio. Me miraba fijamente. Continuó. La autocompasión nunca ha sido tu fuerte. Ya has caído más veces, y sabes lo que tienes que hacer. Así que, ¡hazlo!

Me asaltó una extraña lucidez.

Sí. Lo sabía. Empezar. Tenía que empezar de nuevo.


Plan Cósimo


El Reina Sofía celebra una exposición monográfica sobre Nacho Criado en el Palacio de Velázquez y el Palacio de Cristal, en el Parque del Retiro, hasta el 1 de octubre, en la que se expone la obra No es la voz que clama en el desierto; El Sastre, un retrato de Giambattista Moroni cerca de 1570, imagen del blog, se conserva en la National Gallery de Londres. Visitó España con ocasión de la exposición El Retrato en el Renacimiento, en el Museo del Prado.

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