• septiembre 11, 2013
  • TIPS

Misterio en Stromboli, el desenlace

por Simoneta de Monroy

III

¡No está!, exclamé. El broche Pisani había desaparecido. Me invadió el pánico. Intenté despertar a Gaspar. Gruñó. Lo pensé mejor. Llamé a Cósimo. No contestaba. Simoneta, me dije, recuerda el consejo de mamá. Ante todo no perder los papeles. Respiré hondo.

Llamé a la puerta de su cabina. Tras varios intentos oí un bufido. Era Fabio. Ver al doble de mi compañero de cama recién despertado y probablemente desnudo no me hacía mucha gracia, pero lo primero es lo primero. Entré.

¿Se puede saber qué te pasa?, preguntó mi hermano, somnoliento. Fabio dormía. El broche no está, Cósimo, dije con gravedad. Se incorporó. ¿Has mirado bien? Se te habrá caído al desnudarte.

Pensé con atención. Alarmantemente, no recordaba con claridad el momento en que me había quitado la ropa. Ya sabes que no soy de las que pierden rubíes de diez quilates, afirmé. Está todo menos el broche. Reticente, accedió a venir a mi cabina.

Gaspar se había vestido. ¿Qué hicisteis ayer después de la cena?, preguntó Cósimo. Desaparecisteis de repente. Noté como mi cara iba alcanzando el tono de los rubíes desaparecidos. Vinimos aquí, pero a Simoneta le apetecía una copa de champagne en la plataforma frente al mar, contestó Gaspar cogiéndome de la mano.

Ya, comentó Cósimo, irónico. En aquel momento le odié. Así que el broche se quedó aquí, afirmó. Asentimos con la cabeza. Había que hablar con Livinia. Acordamos hacerlo después del desayuno.

En la mesa encontré a todos menos a Liliane y a Fabio.

Liliane... ¿y si ha sido ella?, pensé. Es capaz, aunque sólo sea para fastidiarme. Y Alistair sí, muy gentleman, pero es un pedazo de hielo. Además, el divorcio le ha costado una fortuna. Livinia me sonrió. No me la habrá jugado ésta. Si después de meterme en este lío ha sido ella, la mato. Claro que Guillaume es como un pez. Ni idea de lo que pasa por esa cabeza. Pero, ¿para qué lo iba a querer?

No probé bocado. Al levantarme fui a mi cabina y la puse patas arriba. Nada. Sólo me quedaba el ritual anticrisis. Me lavé las manos con mi jabón Siracusa y me aticé un Lexatin.

Livinia bajó con Cósimo. Pero, ¿estáis seguros?, nos dijo impasible. Guardé el que llevé en la cena en mi joyero. La abracé, volada. Con un pañuelo limpió una lágrima de mi mejilla. No te preocupes querida, afirmó calmada, está asegurado.

Pasamos la mañana en las tumbonas del flybridge. Navegábamos lentamente alrededor de la isla. En un denso silencio, las miradas cortaban la calma que se respiraba frente al volcán. Las explosiones se recibían con ligeros sobresaltos.

Liliane emergió con un vestido marinero de rayas azul marino. Dio un beso a Alistair y se acercó a hablar con Cósimo. Livinia, con una pamela turquesa, mantenía su mirada perdida en el cráter. Gaspar, tenso, me lanzaba miradas cómplices.

Apareció Fabio con cara de resaca. Me ajusté las gafas de sol. Los Oristano estaban cerca. Tumbada, cerré los ojos y escuché la conversación. ¡Qué jaleo anoche!, susurró Fabio en tono porteño. Llevaba un pedo tremendo. Y encima no encontré la cabina de Simoneta.

Agucé el oído. Fui a la que me dijiste para hacer lo del intercambio. Como siempre, ya sabés. Pero debí equivocarme, porque vi salir a Guillaume. Parecía agobiado. Se metió en la de al lado. Así que me fui de vuelta con Cósimo.

Me iba a dar algo. Pasé por alto que mi flirt de verano fuese un pervertido y, como si no hubiese oído nada, me acerqué a Livinia.

Nos alejamos hacia la barandilla. El peñón de Strombolicchio surgió en el horizonte. Simoneta, dijo, te tengo que pedir disculpas. Tu broche era falso. En un apuro mis padres tuvieron que vender uno. Hicieron una copia para que nadie se enterase.

Ahora sí que no entendía nada. Pero, a ver, pregunté, ¿tú ayer dormiste con Guillaume? Me miró, inquieta. Porque uno de los gemelos le vio saliendo de mi cabina mientras yo había ido al baño. Y dice que después entró en la tuya, insistí.

¡Qué raro!, dijo Livinia. Pasamos la noche juntos, pero ¿por qué iba a hacer eso? Reflexionó unos segundos. Tengo el auténtico, estoy segura. Guillaume comenzó a mirarnos con desconfianza. Súbelo, le dije.

Livinia apareció con el broche fijando el pareo. Guillaume la miró. ¿No tuviste bastante ayer, chérie? Liliane se acercó. Su oscuro pelo garçon y el intenso rouge de sus labios le daban un aspecto adolescente. Se levantó las gafas de lolita y contempló los rubíes.

Es curioso como cambia a la luz del día. Faux comme un jeton. Pero el color es bonito, comentó con sarcasmo.

Abrí los ojos y sonreí. Esto se está liando, pensé. Livinia, enfurecida, dirigió una mirada asesina a su amante y, arrancándose el broche, lo plantó de un golpe en su mesa.

¡Serás hijo de puta!, exclamó. ¿Dónde está el auténtico? Con todas las miradas sobre él, Guillaume palideció.

Livinia le lanzó una sonora bofetada. El gemelo te ha cazado, así que no me vengas con gilipolleces, continuó en un agudo crescendo. Como no aparezca en diez segundos, tienes aquí a la prensa y a los carabinieri antes de la próxima explosión.

Y eso que parecía delicada, pensé. Guillaume contestó con un hilo de voz . No nos conviene un escándalo, Livinia. Pero ante aquella mirada no pudo más que retirarse. Se hizo el silencio.

En unos instantes apareció un marinero con una caja. Porca miseria!, exclamó mi amiga. Y maldiciendo como sólo se maldice en italiano, con la pamela puesta y el broche en mano rayó sin piedad de proa a popa la cubierta del barco.

De vuelta a Nápoles en el ferry sonó el móvil. Era Gabino. ¿Cómo vas cariño?, preguntó. La operación con Lavalier se ha caído. Resulta que está en quiebra. Su línea de riesgo ha colapsado. ¿Seguís a flote? Sonreí. A duras penas. Ya te contaré, comenté.

Me giré hacia Cósimo. Oye, ¿los Oristano hacen siempre eso del intercambio a media noche? Mi hermano se encogió de hombros. Pues al final me he quedado sin probar, comenté. Con las ganas que tenía de hacerlo con dos gemelos .

Cósimo me miró, sorprendido. Siempre conseguía tomarle el pelo. Reí y acercándome, le di un beso en la mejilla. Espero que los niños salgan a Gabino, pensé. Ser un Monroy tiene su encanto, pero resulta agotador. Y con un suspiro, me puse a hojear mi AD.

La historia arranca en Misterio en Stromboli.

Mi hermana Simoneta hizo una muy glamourosa aparición en La primavera romana de Simoneta.

Los Oristano revolucionaron hace un año el Lago Como en Wild, Wild Como.


Plan Cósimo


Los jabones de Paula Siracusa son deliciosos. Los métodos artesanales que esta bióloga emplea para producir texturas y aromas que hidratan y nutren la piel, funcionan. Y no hay más que probarlo para darse cuenta de ello. Delicados diseños envuelven piezas cuadrangulares que, al tocarlas, se funden en las manos. El aroma es siempre sutil. Frescos cítricos para el verano, notas cálidas de romero, lavanda y bergamota para el otoño que se avecina. Lavarse las manos con Jabones Siracusa es todo un ritual anticrisis.

Stromboli, por su aislamiento, se ha salvado del turismo masivo. Una de las consecuencias es una escasez de infraestructuras que, por qué no decirlo, forma parte de su encanto. Aquí algunas de mis opciones. Entre los hoteles, me quedo con La Locanda del Barbablu, una antigua casa stromboliana con mucho encanto (no así su restaurante, con unas pretensiones fuera de lugar en la isla). Si la estancia es prolongada, mejor opción es alquilar un apartamento, aunque la oferta de calidad es escasa.

La gastronomía no está a la altura de otros lugares de Italia, pero no está nada mal la cocina sincera de algunos establecimientos como la Trattoria ai Gechi. Recomiendo recordar a la más célebre visitante de la isla en la terraza de Ritrovo Ingrid, con sus estupendas pizzas y granizados, o contemplar desde tu mesa las explosiones del volcán en L’Osservatorio.

Para los aventureros es ineludible realizar una de las excursiones a pie que se organizan al cráter a última hora de la tarde para contemplar las erupciones tras la puesta de sol. Una experiencia única que ofrecen agencias como Sabbianera. Hace falta calzado adecuado y una buena dosis de energía. Para los menos atrevidos siempre se puede contemplar la Sciarra del Fuoco en acción desde uno de los barcos de Pippo.

Créditos: Stromboli desde el mar, ladera del volcán, Strombolicchio, y delfines por nohalier; Parure de Catalina II de Rusia, Wikicommons Media; erupción diurna por flrnt y nocturnas por entnastürmer; luna sobre Stromboli por mark i geo; estela que se aleja de Stromboli por sonia ularia. Fotografía cortesía de © Jabones Siracusa.


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Desde entonces se limitó a buscar las sintonías y las disonancias de un entorno cerrado #PaulKlee

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