• septiembre 9, 2013
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Misterio en Stromboli

por Simoneta de Monroy

I

Sonó la puerta de la cabina. Signora principessa, el cocktail comenzará en unos minutos.

Y dale con principessa, pensé, voy a acabar como mi madre. Ya lo decía el tío Guido, los yates no son lo nuestro. No hay barco como un velero. Y tenía toda la razón. Porque este Lavalier será amigo de Cósimo, pero es un hortera. Dinero tiene. Eso hay que admitirlo. Pero a mí tanto dorado me pone mala.

Y con un toque de Melograno de Santa Maria Novella me dirigí a cubierta en un vaporoso Etro.

Guillaume Lavalier, el conocido financiero suizo, había convocado en Capri a los habituales del grupo de ski de Megève para una travesía a las Eolias.

A mí, que les conozco poco, porque me suelo quedar en Formigal con los niños y mi familia política, me habían liado mi hermano y mi marido, cuyo bufete estaba a punto de cerrar un provechoso trato con la firma del anfitrión.

Él, por supuesto, no se movió de Madrid. Así que me tocó a mí, la principessa, hacer acto de presencia. Al menos contaba con Cósimo y con Livinia Pisani, amie d’enfance, a la que hacía tiempo que no veía.

Ciao cara!, exclamó Guillaume al verme surgir en el salón de popa. Empezaba a clarear en las sienes, pero le vi estupendo. Me encantó el cliché de la camisa blanca y el blazer cruzado. Un clásico.

Livinia, siempre divina, lucía melena rubia y su perfil veneciano entre transparencias marfil. Había que mirar dos veces para comprobar que no iba desnuda.

Alistair me besó la mano. Liliane, su segunda, ni se inmutó. Hablaba con un chico alto, de ojos oscuros y pelo rizado.

Cuando le vi levantarse sentí un ligero temblor. Su torso se marcaba bajo la camisa al dirigirse hacia mí. Gaspar Oristano, dijo con acento argentino, un placer. Al acercar mi mejilla supe que era mejor dar toda resistencia por perdida.

¿Y Cósimo?, pregunté. Perdido en Gozo, contestó Guillaume. Embarcará en Stromboli. No me sorprendió. Hay personas a las que hay que aceptar como son. Miré hacia el Golfo de Nápoles. Me sentí en casa. Guillaume se acercó. Vedere Napoli e poi morire, dijo con tono dramático. Patético, pensé. Con un dry martini en la mano, giré y sonreí.

II

Aquí pasa algo, me dije al despertar. A ver, tengo un millonario soltero tras el colapso de su tercer matrimonio, una divorciada que le hace ojitos, una pareja en las nubes y un cañonazo argentino.

Apliqué mi lógica femenina y todo encajó. Livinia detrás de Guillaume, Guillaume detrás de Livinia y el jugador de polo, con un lazo, para mí.

Nada peor que estos ataques de lucidez matutina, pensé. De hoy no pasa sin que me entere. No me costó mucho. Iba a desayunar cuando me llegó un mensaje de Livinia. Cara, ven a mi cabina, ¡urgente! Acudí sin dudarlo.

La encontré probándose una pamela. Me abrazó. Con el abrazo se le cayó el gesto de esfinge que había mantenido la noche anterior. No paró de hablar. Me confesó que llevaba tres meses liada con Guillaume, pero que lo mantenían en secreto porque su ex no se podía enterar.

Para la cena de aquella noche le quería dar una sorpresa. Había llevado al barco los rubíes Pisani. Recordaba habérselos visto a su madre en una fiesta. Eran dos broches gemelos, magníficos, en monturas del dieciocho.

Quiero que tú lleves uno, me dijo. Sonreí. Livinia quería impresionar a Guillaume. El juego me pareció divertido. La verdad es que no me va mal con el vestido, contesté. Soltamos una carcajada.

Habíamos llegado a Stromboli de madrugada. Pasé el día en la motora, saltando de cala en cala con Alistair y Gaspar. La montaña, un cono de basalto, se elevaba sobre el mar con una presencia sobrecogedora. Casi tanto como Gaspar en traje de baño.

Sobre el profundo azul de los fondos volcánicos, me besó. Las ostras con muscadet ayudaron. Si Ingrid Bergman hubiese tenido a éste delante en la película de Rossellini no lo habría pasado ni la mitad de mal, pensé.

Cuando me retiré tras el almuerzo, no cerré la puerta de la cabina. La culpabilidad puede ser deliciosa cuando el pecado lo vale.

Mucho más relajada y con una sonrisa aparecí en cubierta con el broche Pisani. El barco estaba anclado frente al volcán. Con regularidad, las explosiones se sucedían en brotes de lava que caían por la sciara del fuoco hacia el mar.

El juego causó el efecto deseado. No sabría cual elegir, comentó Guillaume con mirada atónita. Livinia sonrió, cómplice.

Alejada del grupo, hablaba con Gaspar tomando un cosmopolitan cuando oí una voz familiar. Era Cósimo. No se lo iba a poner fácil. Me la había jugado.

Se acercó por detrás y me abrazó. Veo que coincidimos en gustos, comentó. No sabía que conocieses a Fabio Oristano. Hemos llegado juntos. El avatar de Gaspar asintió con una irónica inclinación de cabeza. El original apareció sonriente y saludó calurosamente a su gemelo. Eran idénticos.

No pude ocultar mi confusión. Llevaba media hora hablando con un duplicado. Me falló el tacón. El cocktail salpicó sobre el lino de aquel reflejo improbable. Desconcertada, me refugié con Alistair. Mi turbación era patente. Are you all right, my dear?, preguntó. Yes, quite, contesté con un suspiro.

Entre explosiones de lava, la cena transcurrió como un partido de tenis con los Oristano como contrincantes. Me sentía engañada. Mi amante tenía una copia. Deseé estar de vuelta en La Tejera con Gabino, pero no cedí.

Tras unas copas de champagne volví a mi ser. El absurdo superó al drama. He actuado como una idiota, me dije. Reí. Nada como una buena dosis de frivolidad para superar complejos.

Después de la cena, Gaspar se acercó mientras contemplaba el volcán desde cubierta. ¿Cerrarás la puerta?, preguntó. ¿Y como sabré que eres tú?, sonreí. Me cogió de la cintura. Porque Fabio estará durmiendo con tu hermano, contestó.

Mis cejas se arquearon. No sé por qué me sorprendo, pensé, llevo toda la vida negándolo pero soy igual que él. Apuré la copa de vodka. Lo necesitaba.

La historia continua en Misterio en Stromboli, el Desenlace.

Mi hermana Simoneta hizo una muy glamourosa aparición en La primavera romana de Simoneta.

Los Oristano revolucionaron hace un año el Lago Como en Wild, Wild Como.


Plan Cósimo


Stromboli atrapa. La isla es el volcán. Este hecho genera una atmósfera única, marcada por las sacudidas de las continuas explosiones que se producen en su cima. Las reducidas dimensiones de las áreas habitadas, dos estrechas franjas costeras en torno al puerto y al pueblo de Ginostra, en la parte opuesta de la isla, incrementan esta sensación de íntima reclusión.  No hay coches. Los motocarros se han ido renovando con la introducción de carritos de golf, que generan imágenes de lo más peculiares.

La vida en Strómboli trascurre en los caminos empedrados, en la arquitectura blanca, siempre entre los contrastes de la vegetación, la tierra oscura, y sus aguas, de un profundo azul. Los fondos, en los que se alterna el negro y el blanco generan un color único. Recomiendo alquilar una lancia sorrentina en el puerto. Pippo, un auténtico stromboliano, es un encanto. Preguntad por él. No es caro y la isla se puede circunvalar con tranquilidad en un día.

Para moverse en el interior, aunque se puede caminar a todas partes (con una linterna, no hay iluminación nocturna) queda la opción de alquilar una bicicleta en la gasolinera del puerto.

Hoteles y restaurantes, en el Desenlace.

Mi hermana es muy fan de Polita Hats. Susana Loureda, que trabajó con el fotógrafo Alberto García-Alix, transforma la paja en creaciones que son la definición del chic. Para esta pamela utilizó parasisal, una fina materia que en sus manos se combina en formas y colores sorprendentes. Polita Hats presenta sus colecciones en las tiendas de Elena Rohner.

Desde que entró en su Officina, Simoneta no se resiste a las frescas fragancias y la estética puramente florentina de Santa María Novela. Su historia se remonta a 1221, con la creación de la farmacia por los frailes dominicos. La elaboración de sus perfumes sigue métodos tradicionales que tienen como resultado su Acqua di Colonia, que retoma el Acqua della Regina, creada para Catalina de Medici, o el Acqua di Melograno (granada). En Madrid, los encontraréis en la calle Almirante.

Créditos: Polita Hats por © Luis de las Alas; agua de Panarea por Andrea Fiorillo; farallones de Capri por cifra wen master; puesta de sol en el golfo de Nápoles por dr_tr; Stromboli desde el mar por nohalier; cala de Stromboli por protozoo; volcán al atrdecer por nikolas wozniak; erupción nocturna por mark i geo.


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Desde entonces se limitó a buscar las sintonías y las disonancias de un entorno cerrado #PaulKlee

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