• octubre 28, 2013
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Toledo, osos, lobas y macarons

por Ioanna Stanopoulos

Jamais!, exclamé. Mi ex será un fils de putain, pero mi suegra era una gran señora. Constanza, al teléfono, guardaba silencio. ¡Iré al funeral de la condesa de Magán!, c’est hors de question, afirmé.

Piénsatelo Ioanna, Toledo es su terreno y estará con su veinteañera, me aconsejó mi chère amie. Je m’en fous!, contesté rotunda.

Pero claro, no me daba igual. Me miré al espejo. Mi figura, exuberante de por sí, había ganado cierto volumen desde la separación. La idea de verme frente a mi familia política al completo me provocó una oleada de ansiedad.

No puedo ir sola, pensé. Necesito refuerzos. Pero, ¿quién? Mis amigos eran todos conocidos de los Magán. No daban el pego como pareja.

Mes delicieux macarons de Moulin Chocolat

Frente a unos delicieux macarons, rodeada de mis orquídeas, reflexioné. Voilà! La iluminación me asaltó con el de frambuesa. Rafa, mi chulazo, era la solución. Mis ojos se iluminaron. Es cierto que no salía de los vaqueros, las camisetas y las New Balance. Pero con un poco de estilismo aquí y allá quedaría parfait.

Le llamé aquella misma tarde. Se quedó muerto. ¿En la catedral de Toledo? Pero maja, no tengo ni traje. En un par de días solucioné la cuestión. Aunque el sastre afirmó muy digno que él milagros no hacía, yo sabía que Rafa iba a ser le plus beau del funeral.

Y llegó el día. Cuando entramos en la catedral anochecía. Yo llevaba una túnica gris y una estola de zorro. Rafa estaba très elegant con su traje oscuro, aunque se le veía algo incómodo. Nos encaminamos hacia la capilla de los Magán.

Las lágrimas de San Pedro, El Greco, detalleDe facciones fuertes y huesos largos, mi familia política resultaba de lo más siniestra de luto. Un sordo murmullo flotaba bajo Las lágrimas de San Pedro.

Alonso, mi ex, frente al altar, hablaba con un canónigo. A unos metros discerní a una rubia oxigenada de cintura estrecha y pecho abundante. El trapo que llevaba no dejaba opción a la imaginación. Cette fille va a pasar frío, pensé.

Sin previo aviso, noté un tirón en el brazo. Rafa saludaba a alguien efusivamente. Joder, ¡qué fuerte!, la Yoli, dijo entusiasmado. Y acto seguido se puso a gritar ¡Yoli!, ¡Yoli!

Los Magán en bloque se dieron la vuelta mientras el oso disfrazado y la ninfa semidesnuda corrían el uno hacia el otro y se fundían en un ruidoso abrazo.

Tras llenar la capilla con sus exclamaciones me pareció apropiado acercarme. Ioanna, ¡la Yoli! mi compañera de doctorado, dijo Rafa con una radiante sonrisa. ¿A que es la bomba? Efectivamente, la chica era la bomba. ¿Doctorado?, pero ¿tú no trabajas en una ferretería?, pregunté. Lo de las tuercas es para ir tirando, contestó. Lo que a mí me pone es El Greco.

Alonso se había acercado con una mueca de fastidio. Sonreí. Por primera vez desde que nos casamos en aquella misma capilla la vida nos ponía al mismo nivel.

Miré a la Yoli. ¿Y tú que estudias, querida?, pregunté. Yo lo que el Profesor Jiménez me diga. Le estoy haciendo un par de trabajos, dijo en tono infantil. J’imagine, contesté, ahórranos los detalles.

Transparente, Catedral de Toledo

Durante el oficio me sentí ligeramente desconcertada. Me da que estos dos están liados, pensé. Aunque la verdad es que a mí me da igual. Yo mientras el chulazo cumpla, ¡feliz! Pero seguro que Alonso no lo ve así, concluí con una sonrisa.

Lo que no entendía era por qué mi cuñada Carlota se daba tanto la vuelta desde su banco. Me sentía observada. Aquello no me olía bien.

Tras tragarnos el Requiem de Mozart la vi dirigirse con paso firme hacia nosotros, acercándose peligrosamente a mi acompañante. Me ha dicho mi hermano que eres un experto en El Greco, le dijo con mirada de loba hambrienta. No vamos a dejar que te escapes sin que nos ilumines con tu sabiduría ¡La muy putain!

El Expolio, El Greco, detalle

Rafa se hinchó como un pavo. ¡Por supuesto!, cuando usted quiera, contestó. Fantástico, aviso y ahora vengo. Oye, y háblame de tú, que no nos llevamos tanto, dijo mientras se alejaba.

¡Qué desfachatez!, exclamé. Pues no veo por qué, comentó Rafa. A ella le interesan mis conocimientos. Contigo, de momento, no he pasado del aquí te pillo aquí te mato. Enrojecí de furia. Lo que me faltaba, que mi ex cuñada me robase a mi oso.

Así que tuve que tragar con media hora de expresividad manierista, multiplicidades perspectivas y contrastes tonales entre los ahs y ohs de aquella golfa, los absurdos comentarios de mi ex y la mirada lasciva de la Yoli. Empezaba a necesitar urgentemente un copazo.

¿Qué os parece que cenemos en Locum?, propuso Carlota tras su orgasmo estético. A mamá le gustaría que estuviésemos juntos tras su funeral. A esas alturas, habría bajado a l’enfer por una copa de vino.

Campanario, Catedral de Toledo

Me resulta de lo más excitante que trabajes entre todas esas herramientas, dijo Carlota a Rafa haciéndose la sensual mientras se sentaba a su lado. Sonreí. En aquella mesa el único que no se quería acostar con Rafa era Alonso. Que le digan lo que quieran, me dije. Hoy el mozo duerme conmigo.

Tras reafirmar mis derechos con un corto, aunque intenso momento de pasión en el cigarral de mi amiga Cuqui, caí rendida. Al despertar la mañana siguiente consideré mis opciones. Surgió un brote de cabreo, pero mientras recogía mis mazapanes en Santo Domingo supe que aquel no era el buen camino.

Así que hice una reserva en La Casa de Carmen, un lugar ideal para calmar los ánimos. Ante un plato de venado me tomé mi tiempo para descubrir al ser sensible y apasionado que se escondía tras ese cuerpazo. He sido una bestia, pensé. ¡Qué difícil es ver lo que tenemos cerca! Le miré con cariño. Rafa sonrió, satisfecho.

 

Ioanna hace su primera entrée en El falso Leonardo y la auténtica peregrina


Plan Cósimo


Toledo se está sacudiendo su tradicional look de armadura y madera oscura. El Museo del Greco estrenó hace años sus nuevas instalaciones, que incluyen un maravilloso jardín, los baños de la casa de Samuel Leví (tesorero de Pedro el Cruel y fundador de la Sinagoga del Tránsito) y una propuesta expositiva actual y con mucho encanto. Mis dos must: la Mezquita del Cristo de la Luz, una joya sorprendente, y un paseo por el barrio de Santo Domingo el Antiguo, al margen de las multitudes y en el que se vislumbra un Toledo aún auténtico. No olvidéis comprar mazapán en el convento, y los fetichistas podéis echar una ojeada a la tumba del Greco. Por cierto, el recién restaurado Expolio se expondrá en El Prado. Una gran oportunidad.

Sala Capitular, Catedral de ToledoSi os quedáis a dormir, a falta de cigarral no lo dudéis: Antídoto Rooms, un antiguo edificio con una restauración modélica y un precio imbatible. Para picar recomiendo el cercano Alfileritos 24. Y para cenar, en Locum, cocina renovada con raíces. Adolfo, el clásico, no defrauda. Cenar bajo un artesonado del XIV y tomar una copa en su terraza con vistas a la catedral es toda una experiencia, con un servicio que raya la perfección.

A la salida de Toledo no dudéis en deteneros en La Casa del Carmen, un spin off de El Bohío, donde Iván Cerdeño ofrece un excepcional nivel de cocina en un entorno más relajado y con precios más asequibles que en la casa madre.

Y aunque en Madrid ya no hay pastelería moderna que se precie que no ofrezca a la vista una montaña de macarons, yo me quedo con los de Moulin Chocolat, siempre en su punto, con sabores de lo más original, como los de violeta o los de agua de rosas.

Créditos: Transparente de la Catedral de Toledo, por synes; campanario por Giant Ginkgo; obras del Greco de Wikimedia Commons


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