• agosto 30, 2012
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Wild, Wild Como 2

por Cósimo de Monroy

El insólito giro en los acontecimientos de aquel día comenzó en una trattoria de Ossuccio, en la ribera de Como, donde habíamos atracado el barco para reponer fuerzas. Tras un plato de pescado del lago, el camarero, confiado por el aspecto de los Oristano, nos ofreció marihuana. Os la dejo a buen precio, la cultivo yo mismo, afirmó orgulloso y sonriente.

Tras fumarnos una buena parte de la cosecha en el muelle, los gemelos, aburridos ante la perspectiva de otra noche en Bellagio, se entusiasmaron con la idea de una expedición campestre. El camarero, de buen humor tras unas caladas, nos propuso ir a las fiestas de su pueblo, Armeno, cerca del Lago Orta. Podíamos cenar en la casa de comidas que regentaba la signora Tomasina, una tía suya.

La casa de comidas resultó ser el Circolo dei Combattenti, un reducto inalterado desde el 45. Chicos, ¡esto es el lo máximo en retro!, ¡los de AD se volverían locos aquí!, exclamó Fabio al entrar. Allegra, con un traje que cubría menos que un bikini, se mostró escéptica mientras paseaba sus piernas entre las mesas de formica. Un veterano combattente, con gesto de reprobación, comentó a su compañero de cartas, tutti stronzi, questi milanesi.

Coiromonte, Montes de Armeno

Fue entonces, al oír aquel lacónico comentario, cuando ocurrió lo que desde aquel día de agosto llamo el Efecto Oristano. Rodeado de imágenes de caídos en Dunkerke y platos de funghi porcini de la signora Tomasina, la realidad, simplemente, se desmaterializó. Como en un sueño, comencé a contemplar los hechos que se sucedían a mi alrededor como escenas de una película disparatada en la que yo, casualmente, me encontraba incluido.

Tras la cena, la plaza de Armeno, iluminada con farolillos de colores para la Festa dei Cacciatori, me pareció un escenario hilarantemente absurdo. Los paisanos, vestidos de montería, bailaban al ritmo de una banda propia de una película de Fellini. Al grito de Grappa per i milanesi!, el licor no dejaba de correr. Gaspar tardó poco en agarrarse a una belleza local. A Allegra parecía divertirle un mozo peludo que la devoraba con la mirada.

Pero el Efecto Oristano sólo alcanzó su punto álgido cuando Fabio, surgido de la oscuridad, me volcó una confidencia. Sabés…, arrancó con aire de desesperación, ni el polvazo de esta mañana ni la maría han conseguido quitarme el ataque de ansiedad que me ha provocado la Confesión de Stavrogin. La leí ayer noche. El tipo no se detiene hasta lograr su propia destrucción. ¿Vos nunca te sentiste así?, me preguntó.

Fiodr Dostoyevski, 1879Reí, incrédulo. Meter Los Demonios, de Dostoyevski, en la escena de la Festa dei Cacciatori de Armeno, era rizar el rizo. Inspirándome en mi propio papel, le contesté, sonriendo. Mira Fabio, Stavrogin parece un aprendiz a vuestro lado. ¡Ya quisiera él el caos que os rodea a los Oristano! Así que no te angusties, no hay competencia.

Como un eco de mis palabras, oímos un fuerte griterío. La banda dejó de tocar. Nos giramos. Un mancebo de talla considerable, que resultó ser el novio de la belleza local, se dirigía a Gaspar, indignado y gesticulante. Los lugareños se iban consolidando en torno a él. Fabio no lo dudó. Cogió a Allegra del brazo, me metió en el coche, y arrancó, acelerando hasta que su hermano logró colarse por la ventanilla.

Monasterio de San Giulio, Lago Orta

Empiezo a estar mayor para estas cosas, dijo cuando nos habíamos alejado del pueblo. ¿Un chapuzón, chicos? Amanecía cuando nos sumergimos, desnudos, en el Lago Orta, frente al monasterio que guarda las reliquias de San Giulio. Tras la agitada escena de acción, un sensual cierre del lago. Estos chicos tenían buenos guionistas.

Y para la toma final, ¿por qué no?, una villa salida de las mil y una noches, cubierta de mármoles y yeserías. Ante la mirada sospechosa del conserje, pedimos una habitación para cuatro. Ascendíamos entre mocárabes y arabescos cuando pensé, esta película no va a haber quien se la crea.


Plan Cósimo


Allegra, los Oristano y Cósimo comen pescado del lago Como en la Trattoria San Giacomo, Ossuccio, muy cerca del Beach Club de Lenno. El pescado no se encuentra fácilmente. También lo sirven en Crotto del Misto, en Lezzeno, en la otra orilla opuesta. Para quién le apetezca algo más sofisticado siempre queda Il Gatto Nero, en Cernobbio. El Lago Orta, a unos 100 km de Como, es el más occidental, y el más íntimo. La calidad de su agua es inigualable. En su centro se eleva una isla con un monasterio románico aún ocupado por los monjes benedictinos. El pueblo, Orta San Giulio resulta muy agradable, y algo menos turístico que los grandes lagos. En Armeno se eleva una maravillosa iglesia románica de Santa Maria Assunta, una pequeña joya. Para los que se animen, la divertida Festa dei Cacciatori se celebra el 4 y el 5 de agosto. Muy cerca, a 5 km, en Coiromonte se encuentra el Circolo dei Combattenti, donde se sirve comida casera en un ambiente muy local. En el extremo opuesto, el Hotel Villa Crespi, miembro de Relais & Chateaux, construido a finales del XIX en estilo neo nazarí, con vistas al lago, tiene poco que envidiar a La Alhambra en su decoración. Aunque no se disponga de un presupuesto muy elástico, vale la pena detenerse a tomar un café.

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