4 diciembre 2012

Zamora. Románico y Aquilles en mallas.

En San Pedro de la Nave no encontré donde sentarme, pero me habría gustado. No soy una persona espiritual, pero al entrar en esta iglesia visigótica de finales del siglo VII, sentí el impulso de sentarme y reflexionar. La rusticidad en la colocación de los bloques de sillería y el juego de volúmenes de las naves producen una impresión de inocencia. Nada resulta artificioso.

En los templos románicos, la bóveda de cañón, que cubre el espacio como un cielo protector, la desnudez de los muros y la austeridad decorativa, generan una sensación de refugio. Aquí me siento a salvo, te dices. La iglesia románica fue concebida a escala humana. Representa el camino, la peregrinación del fiel desde la portada hacia el altar, hacia su encuentro con la divinidad. La vida, al fin y al cabo, desde el nacimiento hasta la muerte. Una versión reducida del Camino de Santiago y de tantos otros caminos que recorrían Europa, con un Santo Lugar como destino. El hombre, concebido como Homo Viator, el hombre en camino, en permanente búsqueda de Dios.

A mí, sin trascendencia, en el camino, me gusta detenerme y mirar. Y  Castilla me gusta porque es rica en contrastes, y el contraste siempre refresca y proporciona lucidez. Zamora es románica. Sus templos forman el núcleo de la propia ciudad, austera y poco dada al artificio. Y nada contrasta tanto con esta sobriedad como los tapices góticos de la catedral, cargados de refinamiento y riqueza decorativa.

La Tienda de Aquiles forma parte de una serie que narra la Guerra de Troya en clave medieval, realizados en Tournai y Arras en el último tercio del siglo XV, donados a la catedral en 1608 por el Conde de Alba y Aliste.

Responden al ideal caballeresco que revivió en el siglo XV para exaltar los emergentes valores monárquicos. En esta obra se ha tomado al personaje que personifica como ningún otro el modelo del héroe clásico, Aquiles, centrándose en su enfrentamiento con Héctor. Éste había incurrido en la ira de Aquiles al matar a Patroclo, su amante. Pero esto, obviamente, no se menciona, como tampoco se menciona en la película de Brad Pitt. No hay que irse tan lejos.

El refinamiento de la corte de Troya se lleva hasta el extremo en tejidos, joyas y tocados. El horror vacui y la obsesiva atención al detalle, propio del estilo gótico internacional, se multiplica tanto en las flores que cubren el suelo, como en las armas de los caballeros. Y claro, Aquiles y Héctor, en mallas, están de lo más favorecidos. ¿Quién da más?

Imagen: Capitel, San Pedro de la Nave, siglo VII, por FreeCat

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